Por Carolina Romero

Mujeres convertidas en no más que cuerpos semidesnudos, en mercancía, transitan en un ambiente de muerte y erotismo en la zona roja de Reynosa, Tamaulipas. Con la mirada perdida, se mueven en escenarios de carencia, en donde la violencia emana de las paredes que las mantienen encerradas y luego las acuesta en la cama.

Maya Goded presenta la verdadera cara de un territorio sin ley, el cual, en un inicio estaba pensado para ser un área delimitada, regulada, un lugar de supuesta protección a las sexoservidoras, pero donde azotó la decadencia. Ahora, es un pueblo devastado por el narcotráfico, la migración y los negocios sexuales se cruzan con nosotros como un extraño familiar.

Sólo quedaron las mujeres retratadas por la fotógrafa en 2009; atrapadas ahí por su pasado, por su historia, por algún amor o sólo por la imposibilidad de huir. Ahí permanecen, ante la incesante mirada y el tacto masculino, el único modo que les queda para sobrevivir.

La exposición Welcome to Lipstick, que se presenta en el Centro de la Imagen como parte del Festival FotoMéxico, entremezcla lo cotidiano y lo íntimo en una región transformada en prisión, donde la mirada se ejerce como arma de vigilancia y las identidades femeninas son reducidas a cuerpos manipulados por una economía que lucra con los afectos.

“Las fotos muestran un lugar donde te sientes atrapado. Cuando yo estuve trabajando ahí me sentía así. Mucha gente ya se había ido de la zona por la violencia. Estas son las mujeres que se quedaron, que no pudieron irse. El lugar es cerrado, que yo creo que es un símbolo de nuestro sentir sobre la violencia actual en el país”, comenta la fotógrafa.

Goded cuenta que para ella, mostrar estas fotos 10 años después es poner otra vez el dedo sobre el renglón, hacer visible que a quienes más les pega la violencia es a las mujeres: “Es la frontera, son zonas de tolerancia que están apartadas de la ciudad y que también las hay en Tapachula, Chiapas, o en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Es un sistema que se ha cuestionado desde hace muchos años y pues seguimos, desde hace 10 años, en la misma situación. No ha cambiado nada en el país”.

Bajo la curaduría de César González Aguirre, la muestra de Goded ejerce un discurso poderoso, pues su lectura es vigente, sea cualquiera el tiempo o el lugar desde donde se le mire. Sus imágenes pueden pertenecer a cualquier parte de México, en donde la violencia diaria que sufren las mujeres es generalizada. De ellas emana la música de los burdeles, el olor de los colchones usados por generaciones, el frío del ambiente nocturno, el aroma a cerveza y el dolor de los rostros femeninos, todos desangelados.

La exposición permanecerá abierta hasta enero de 2020.

 

 

 

 

 

 

 

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