Por Agustín Estrada

Fue a mediados de los años ochenta cuando, por primera vez, me enfrenté con la necesidad de organizar mi archivo fotográfico ya que, en los casi diez años que llevaba de trabajar como profesional de la fotografía, había acumulado cajas y cajas de negativos y otras tantas de impresiones que no facilitaban la localización de imágenes ni permitían almacenar de manera lógica el material. Afortunadamente para mí, en esa época mis hermanos me introdujeron al mundo que cambiaría no sólo mi vida sino la de todos: la computación. Pude ver las primeras fotos digitales a finales de los ochenta en el Instituto de Astronomía de la UNAM, técnica esotérica y sólo para especialistas en esos momentos.

Armado hace 36 años con ese nuevo juguete tecnológico inicié mi aprendizaje y, sobre todo, con el pretexto de organizar mi archivo fotográfico, me adentré en el mundo digital, con el extra de que mi hermana, que se había acercado a Internet de esa época, me dio acceso por primera vez al mundo de la Web, en ese entonces muy limitado y nada que ver con el omnipresente internet que conocemos ahora.

En poco tiempo logré –en esa pantalla con letras verdes y fondo negro donde sólo se veía texto– hacer mi primera base de datos y empezar una catalogación que, hasta la fecha, me ha servido para localizar, almacenar y tener una cierta certeza en la administración de las imágenes que he generado.

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Cuarenta años después, todo ese panorama del archivo ha cambiado. No sólo el de la catalogación sino el de la fotografía también. Por haber comenzado desde el paleolítico digital (al menos en lo que respecta a los usuarios caseros) y por estar trabajando con imagen digital en los años recientes, llegué a la conclusión de que había que mejorar el sistema y recatalogar todo desde la perspectiva actual, no empezando de cero sino actualizando lo que ya tenía e incorporando nuevos parámetros pero, sobre todo, integrando las imágenes digitales (producidas para todo el trabajo realizado desde 2000); es decir, que me encontré ahora con que la mitad de mi producción era química (película) y la otra mitad era digital y que había que homologar todo a un solo sistema. Inicié en 2018 y, con algunas pausas en el camino, en la primera etapa logré una digitalización cercana a los 10 mil negativos.

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Dicen que lo que es basura para unos es un tesoro para otros. La llegada de la pandemia en este año ha sido, para todos, un golpe brutal pero, desde el inicio, pude ver que esta situación era el momento ideal para dedicarme al 100% a la tarea de digitalizar y, sobre todo, a repensar y reorganizar el acervo que tengo. Sin dudarlo, me di a esta tarea entre 6 y 8 horas diarias para completar la meta de terminar antes de tener que volver a lo que ahora se llama “la nueva normalidad”, aunque no sabemos todavía con claridad si se parecerá a la que conocíamos.

En tan sólo un mes, la digitalización del material en película avanzó hasta tener casi 12 mil piezas, así como el reacomodo del acervo, compuesto por varios fondos (fotos de proyectos personales, trabajo y otras clasificaciones que he hecho) pero en total, para la octava semana de reclusión y casi cero contacto con clientes, amigos, etc., he logrado finalizar la primera parte del proyecto que me propuse.

He podido depurar, organizar, recatalogar y guardar los fondos fotográficos que tengo de forma digital, como me había planteado, con un total de 142 mil 643 artefactos (items) que conforman ahora el nuevo acervo. Les llamo artefactos ya que no todo el material que tengo es fotografía; hay reproducción de fotos, documentos y objetos ya que he hecho mucha reprografía en mi trabajo profesional.

Los materiales almacenados en 8 Tb de información tienen un rango de registro que va de 1977-2000 con película de diferentes formatos y de 1999-2019 con materiales digitales; a partir del inicio de este siglo XXI dejé de producir imágenes con película y para finales del año 2002 cerré y desmantelé completamente lo que quedaba del famoso cuarto oscuro.

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Podría mencionar algunos de los aspectos que me han saltado a la vista y sólo enumero algunos de los más obvios:

  1. Dentro de los temas fotografiados, hay series desarrolladas a veces en un lapso de tiempo relativamente corto y otras, que se produjeron a lo largo de todos estos años sin ser consciente de ello muchas veces, pero que conforman un cuerpo particular por los intereses personales o que por azar del trabajo me llegaron.
  2. La historia de la transformación de la tecnología fotográfica que nos ha tocado vivir, de lo químico a lo digital y en este ámbito digital, el cambio de lo paleolítico digital (como yo lo llamo) a lo que hoy tenemos. En el acervo se puede ver claramente cómo ha cambiado la tecnología en los últimos veinte años.
  3. La reinterpretación de materiales antiguos por medio de su reproducción digital es algo que se presta para análisis y, aunque los originales siempre tendrán su encanto particular e imposible de reproducir, los contenidos del soporte sí se pueden reproducir de forma muy diferente con los medios que tenemos actualmente. En general, la fotografía se hace de forma muy distinta a lo que hacíamos antes de los sensores electrónico-digitales.
  4. Otro punto que me parece fundamental es poder tener todo el material unificado y con la posibilidad de verlo de formas múltiples e instantáneas; nunca antes me había sido posible ver en un lienzo (pantalla) las miniaturas de todas la imágenes de un proyecto, por fecha, equipo usado o locación como es posible ahora. Me parece que más que panorámica, ahora obtuve una visión panóptica del acervo, lo que sugiere otras lecturas, ideas y posibilidades sobre la presentación e interpretación de las imágenes.

Son muchos los hallazgos y sorpresas que me ha dado este proyecto. La fotografía es sobre todo la captura y detención del tiempo, y ese viaje al pasado ha sido no sólo nostálgico sino enriquecedor para ver el futuro del archivo y hacia dónde irá mi trabajo.

Por otro lado, aunque siempre me jacté de no haber perdido ningún archivo en estos poco más de veinte años digitales, esta organización me hizo caer en la cuenta de algunas pérdidas de imágenes tanto digitales –que por una u otra razón no llegaron hasta el día de hoy a mis discos– y otras de película, ya que en algunos proyectos de esos años que se hacían en particular para dependencias del gobierno era requisito entregar la fuente o negativo de las fotos. Y desgraciadamente se perdieron, en especial por el terremoto del 85, ya que algunos de los edificios públicos que las albergaban colapsaron con todo ese material.

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A pesar de las circunstancias tan peculiares y problemáticas de la situación actual, ha sido posible hacer este tipo de trabajo que requiere de dedicación, constancia y concentración, y por ser el autor del material se vale que edite, descarte y organice todo el conjunto con una visión personal, además de que muchos de los materiales, en especial los negativos, requieren de una interpretación ya que son sólo una imagen intermedia entre lo que hay plasmado en ellos y la imagen final; esto en particular era algo que no quería dejar en manos de otros ya que la versión final es algo que tenía que dejar terminada.

Probablemente el resultado final de este reacomodo ha significado el descarte de un 50% del material que tenía originalmente. Antes de que alguien se espante por esta acción, hay que aclarar que dentro del proceso fotográfico se toman muchas fotos y muchas de esas son fallidas por diversas razones, por lo que una selección y depuración se hace necesaria. En los archivos actuales de imagen digital esto es algo muy visible y no dudo que los futuros acervos contengan millones de imágenes por lo que la selección será más difícil y problemática sobre todo si se deja en manos de quien no generó la imagen.

Para los que gustan de los números (porque siempre impresionan y es algo que nos preguntan a menudo) puedo decir que del archivo original en película se ha digitalizado aproximadamente 10% y del acervo digital se ha conservado entre 30 y 40% de lo que tenía almacenado originalmente para con esto llegar a tener el total de los 142 mil 643 artefactos catalogados.

El trabajo continúa, ya que como siempre hay pendientes que no he revisado y otros materiales por definir en cuanto a categoría o colocación y, aunque puede parecer irónico, espero no poder terminar esta tarea tan pronto como quisiera o, lo que es lo mismo, que todo vuelva a la “normalidad” y que no me dé el tiempo de llegar al final de un proyecto como éste que requiere del aislamiento, dedicación y que, sólo sin la presión de la vida cotidiana, puede ser llevado a cabo en su totalidad, al menos con lo que tengo hasta el día de hoy.

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