Por Carolina Romero

Han pasado poco más de 10 días desde que los hijos del Sáhara Occidental se levantaron de la arena del desierto africano para emprender una lucha armada con Marruecos en reclamo de su territorio, el cual permanece ocupado desde 1975, mientras ellos, desplazados, sobreviven en un campamento de refugiados en la provincia argelina de Tinduf.

Desde 1991, cuando -mediadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)- ambas naciones pactaron la paz, los gritos de batalla de los saharauis se convirtieron en murmullos perdidos en el tiempo y el olvido.

La promesa de libertad se vio empañada e incumplida por la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), que es la encargada de vigilar el alto al fuego y de organizar un referendo para que los saharauis decidan sobre el futuro de su territorio, el cual, hasta hoy, no se ha llevado a cabo.

La tensión entre ambas naciones escaló desde que, el 21 de octubre, activistas saharauis bloquearon el paso fronterizo de Guerguerat, que une a Mauritania con los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Además, el descontento entre los saharauis creció tras la prolongación de la Minurso durante un año.

El pasado viernes 13 de noviembre, militares marroquíes cruzaron la línea divisoria para romper el bloqueo en el Guerguerat, lo que ocasionó un intercambio de disparos con el ejército saharaui, el Frente Polisario. “El alto al fuego está roto”, sentenció el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Ghali.

Desde entonces no han cesado los ataques. Los jóvenes y adultos varones tomaron sus uniformes y se echaron las mochilas al hombro. Besaron a sus madres, hermanas y ancianos en la frente y emprendieron el viaje al Muro de la Vergüenza, que divide al territorio en dos y está rodeado de miles y miles de minas antipersona.

Estas imágenes, capturadas en marzo de 1982 por el fotoperiodista Pedro Valtierra, son un viaje a las arenas del Sáhara en años en los que la primera etapa del conflicto con Marruecos estaba viva, era una herida abierta. Entonces, Valtierra viajó a los campamentos de Tinduf, donde el temor principal entre los civiles saharauis era estar expuestos… estar demasiado cerca del conflicto.

Hoy, tras años de verse sin una solución a su reclamo de independencia y autodeterminación, regresaron a las armas.

República Árabe Saharahuí Democrática. 1982

El pueblo saharaui fue obligado por el ejército de Marruecos a huir hacia el desierto de Argelia, país vecino, que está dedicado al pastoreo.

República Árabe Saharauí Democrática, 1982.

Una pareja de enamorados cruza un puente en el campamento de refugiados de Tinduf,  en Argelia.

República Árabe Saharahuí Democrática. 1982

En los combates entre el Frente Polisario y el ejército marroquí, cientos de soldados e independentistas murieron y fueron enterrados en las arenas del desierto. Con el tiempo, el viento los fue desenterrando poco a poco.

República Árabe Saharahuí Democrática. 1982

Las mujeres saharauis tienen un papel importante en la organización de la lucha por la independencia, ya que ellas organizaron las primeras reuniones clandestinas, aprovechando que los Marroquíes las consideraban como “seres no pensantes”. Su participación es fundamental, dicen los dirigentes saharauis del Frente Polisario.

República Árabe Saharahuí Democrática. 1982
Un miembro del Frente Polisario, durante un recorrido por las zonas liberadas, muestra la comida que preparó. Al fondo, en el pared, orificios de las balas de los combates.
El Sáhara Occidental fue colonia de España. Cuando los saharauis emprendieron una guerra por su independencia, el país europeo les prometió dejar el territorio; sin embargo, cedió el Sáhara a Marruecos y Mauritania a través de los Acuerdos Tripartitos de Madrid. Ambos países invadieron a los saharauis, aunque Mauritania se retiró después. Desde 1975, Marruecos mantiene ocupado el país y los saharauis viven en el exilio como refugiados.

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