Texto y fotos por Joaquín Urrutia

Ella y yo vivimos en la misma casa. Entre cuatro paredes suceden cosas, pasan a cada instante.

Estas imágenes no hablan de un viaje al encierro, sino a la oscuridad donde la luz proyecta la vida. El cotidiano. En éste existen la soledad, la pintura y el dibujo; las películas, letras, locura y música, aunados al perro, a la vieja y vaga gata, y a un fantasma.

Es aquí donde ambos vivimos, en la sombra, donde ocurrimos y donde, de ser posible, una realidad que parece sueño se convertirá en nuestra historia. Nuestro hogar.

Afuera, un asesino se ha apoderado de mi país y del mundo. El Covid-19 ha cobrado miles de vidas, mientras de manera paralela se ha llevado nuestra libertad y, quizá cuando se vaya, se habrá llevado también muchos sueños.

El miedo es un principio de lo que sucederá afuera, lejos del hogar, en los pasillos calientes de mi ciudad y de mi mundo.

Fantasía. Entendí que esa palabra que evoca la realidad pasada, lo que yo encontré en estas cuatro paredes, justo a través de la propia imaginación, podía iluminar con una sola luz cada imagen, y que sería ésta la que de una extraña manera capturaría la esencia de lo que cada foto cuenta, su historia, la que habla de este miedo, de la paranoia que inevitablemente causa en mí, y seguramente en ti, esta pandemia.

Ella, con su usual inocencia, su introvertido ser, ilumina el día a día, a pesar de las sombras o, incluso, por encima de ellas.

He estado contando el tiempo de la supuesta cuarentena… El aire se siente contaminado de histeria, parece que vamos para más tiempo de lo normal…

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