Desde Tijuana, Omar me cuenta que, este año, el verano ha vivido de manera diferente en Baja California. La cotidianidad citadina se ha tenido que a adaptar a las condiciones de la crisis sanitaria desatadas por la pandemia de Covid-19, aunada a los incendios que, desde Estados Unidos, afectan a la capital del estado.

Un sol rojo e inusual ha enmarcado los 43 grados centígrados que sofocan a la ciudad fronteriza. “Parece un escenario apocalíptico”, me dice.

Aquella bola de fuego que pinta el cielo cada que cae la tarde ha generado curiosidad entre los ciudadanos, quienes toman fotografías del fenómeno, ocasionado por el aumento de los incendios forestales en San Diego, California, desde donde vuela una ceniza que llena el ambiente.

Ante el calor no hay mucho que hacer, me comenta Omar, porque las playas permanecen con restricciones de acceso debido a la pandemia de Covid-19. Todos buscan la manera de mantenerse frescos. ¿Cómo? Ropa ligera, paraguas y agua, agua, agua…

Con las altas temperaturas, llevar protección sanitaria es incómodo; sin embargo, a pesar del calor, la mayor parte de los ciudadanos que transitan por la zona Centro utiliza cubrebocas e incluso máscaras de plástico para evitar contagiarse del virus.

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