Una mañana cualquiera, hace más de cinco años, los ojos de Alicia Meléndez se abrieron para mostrarle un mundo como cubierto con un velo. La nitidez al observar los objetos, que antes hubiera dado por sentado al simplemente despertar, desapareció debido a un problema en su retina.

Apenas hace poco comenzó a recuperarse de la depresión que esa situación trajo a su vida y fue gracias a la fotografía, la cual aprendió en talleres de la organización Ojos que Sienten, que el camino se le hizo más llevadero, pues asegura que cada clic a la cámara es un logro que realza su confianza en sí misma.

Ojos que sienten es un nombre inquietante y preciso para una fundación mexicana cuya misión es transformar paradigmas sobre la discapacidad visual, enfocándose en la habilidad dentro de la misma. 

Para promover una sociedad incluyente, Ojos que Sienten prioriza la enseñanza de la fotografía sensorial y desarrollo humano, la creación de experiencias sensoriales, cenas en la oscuridad, talleres de sensibilización a grupos y empresas, así como venta de regalos con causa.

Uno de los artículos que están a la venta para alimentar los recursos de la organización y seguir fomentando su misión es el libro The Blind Photographer, publicado por Redstone Press en Londes, Inglaterra, el cual reúne la obra de 50 fotógrafos ciegos y débiles visuales en diferentes partes del planeta, entre ellos Alicia, quienes usaron todos sus demás sentidos para expresar su manera de percibir el mundo.

Cuando uno escucha por primera vez que una mirada ciega capturó tal o cual fotografía, la curiosidad da paso, generalmente, a una pregunta que surge de la dificultad de separar, al menos en la lengua, lo inherente entre las palabras luz y ojos. “¿Cómo lo hacen?”… pero como suele suceder con los cuestionamientos complejos, la respuesta es muy simple: de muchas y diferentes maneras.

He ahí lo maravilloso de la fotografía, que se encuentra siempre a la espera de las motivaciones de quien porta la cámara, cualesquiera que sean sus ojos y sin importar si éstos pueden o no vislumbrar las luces y sombras con las que trabaja fundamentalmente esta disciplina.

Los fotógrafos ciegos capturan imágenes como cualquier otra persona lo haría. Simplemente, encuentran con sus demás sentidos y guiados por sus instintos otro tipo de visiones en los objetos, situaciones y contextos a retratar.

En la simpleza de las fotos, en el detalle de sus barridos, de los espacios cercanos, la proximidad de los retratos y su naturaleza sin poses; en la contemplación de lo cotidiano, sin prisas ni precisiones, radica la belleza de este libro.

Desde composiciones simples con objetos cotidianos, como chícharos, papas, platos y barcos de papel, hasta retratos de la luna, sentimientos plasmados en un rostro, sesiones de desnudo y vida cotidiana en las calles, The Blind Photographer abre el panorama del lector para comprender el mundo desde otros ojos, unos que no ven, pero, además, presenta las historias de vida de quienes están tras la lente.

Así, contemplar las imágenes de Alicia, quien afirma que con cada fotografía que toma siente que puede ver, cobra un sentido de apreciación totalmente diferente.

Sus fotografías, al igual que las de los demás autores, también están a la venta en un catálogo que se puede consultar en la página de Ojos que Sienten, desde donde se pueden adquirir las impresiones de 36 x 51 cm con marco de plástico, certificado de autenticidad y cédula con los datos e historia de la imagen.

El precio del libro es de 600 pesos y se puede adquirir en Ojos que Sienten, Frontera 102, Col. Roma, Cuauhtémoc, CP 06700, CDMX, México. Para más información, llamar a los teléfonos 5552070419 y 5555331850. 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí