Por Carolina Romero

Tres viajes a la India no han sido suficientes para que la mirada de Susana Casarin se sacie de los colores, el misticismo y los atisbos de intimidad que, paradójicamente, la fotógrafa mexicana ha encontrado en una de las naciones más caóticas y pobladas del mundo.

Alejada de las multitudes y del caos que se vienen a la mente cuando se habla del país asiático, las caminatas de Casarin la llevaron a descubrir un lado más personal en la cotidianidad india que también está vivo en sus calles, pero el cual pocas veces se ve reflejado en imágenes.

Seducida por esas escenas disruptivas, comenzó a retratar las siluetas de mujeres que se asoman por una puerta, que están paradas a la mitad de una acera, que cruzan un umbral o que simplemente observan por cualquier ventana. También los colores contratantes de una vendimia cualquiera, a los hombres que se funden con su entorno en una atmósfera de casi misticismo.

“Esta serie lleva por título India y sus múltiples gemas, porque es una mirada a la joya más preciada del país: su gente. Es tan amplia la India, te aturde y te envuelve tanto, que comencé a buscar la intimidad y escenas  más personales, espacios individuales, como sus casas, porque el caos ya es algo que está presente en todas las ciudades”, cuenta la fotógrafa en entrevista con Cuartoscuro.

Esa naturaleza de ir más allá de lo superficial, a lo profundo y encontrar lo oculto le viene de un trabajo que ha desarrollado desde 2007 alrededor de la vida de las mujeres transgénero en México y en el país asiático.

“A partir de ese trabajo me he hecho muy de meterme, muy de buscar los rincones, los recobecos. De hallar personajes vivos en actitudes muy cotidianas”, dice.

Tras tres viajes, la obsesión de Casarin definitivamente la hará regresar en una cuarta ocasión para continuar su búsqueda de esos instantes.

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