Texto y fotos por Alejandra Leyva

El Covid-19 ha hecho que la vida como la conocíamos haya cambiado por completo y la nueva normalidad ha traído consigo una dinámica tan distinta que aún no logramos comprender del todo.

Los niños, quienes en un principio pensaron que vivían un largo fin de semana desde marzo –cuando inició la cuarentena en nuestra ciudad, Guadalajara, en Jalisco–, hoy continúan parados en un stop permanente mientras la vida continúa sin marcarles pautas sobre cuándo volverán a la escuela o a los juegos del parque.

Aún así, las normas sociales por cumplir son abrumadoras: ¿cómo evitar el contacto entre ellos cuando es una acción básica dentro de su desarrollo y educación?

Así que como una forma de hacer que lo cotidiano se volviera una aventura que nos involucrara a ambas, fue que le hice a mi hija un traje de astronauta para que, junto a su amor por los planetas, sintiera que cada salida que hacemos -a veces sólo para caminar o al mercado- es un descubrimiento espacial en este mundo tan extraño a causa del coronavirus, en el que vamos a ciegas sin saber en qué momento podríamos contagiarnos o no poder volver a salir a la calle.

Si la cuarentena nos hace replantearnos una y otra vez nuestro comportamiento, es necesario que los niños sientan que estos momentos los involucran como personas activas con decisiones, deseos y necesidades mucho más allá de sus derechos universales de comer y tener un techo digno dónde vivir, porque esos sueños que parecen tan lejanos o que a veces se pierden entre la rutina son el verdadero camino de conocimiento hacia nuestros hijos e, incluso, hacia nosotros, los adultos, que estamos tan cegados por cumplir un horario, una actividad o no perder un empleo.

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