Fotos y texto por Jorge Camarillo

Comencé practicando la fotografía estenopeica como un ejercicio didáctico para las clases de fotografía que imparto.

Como la mayoría de los que inician en esta sencilla manera de hacer fotografía, utilicé un bote de cartón de los que manejan algunas presentaciones como empaque de avena, es el más popular. Se cambia la tapa de plástico traslúcida por una que no permita el paso de la luz. En un trozo de lámina delgada de aluminio se perfora un diminuto orificio con un alfiler; dicha laminilla se adhiere a un costado del bote, donde previamente se hizo también una perforación, para que el diminuto orificio sea el que permita el paso de la luz al interior del bote.

Se coloca en el cuarto oscuro una hoja de papel fotográfico en el interior del bote y se tapa el orificio, lo más fácil es hacerlo con cinta de aislar. Así, el sencillo dispositivo fotográfico se encuentra preparado para su uso.

Lo que sigue después de esta simple tarea de bricolaje es la experimentación. Algunos se contentan con la primera imagen que obtienen. Otros nos quedamos atrapados en este mundo difuso e impreciso que arroja esas primeras fotografías estenopeicas que se realizan entre el estupor y la duda.

Pocos años después, tras la asistencia al Segundo Encuentro de Cámara Estenopeica, en Veracruz, aderezado con las charlas que sostuve con Arturo Talavera, cambió mi visión sobre la cámara estenopeica.

Los misterios hermenéuticos del son jarocho, el Centro Cultural y Recreativo La Chatita y el puerto de Veracruz hicieron otro tanto en el modo que recibí, desde entonces, dicho aparato. Ahora, como una potente herramienta creativa.

La primera cámara estenopeica que utilicé con película de medio formato (120) fue un diseño de Talavera, hecha con la misma madera con la que construyen jaranas. La tradición estenopeica en nuestro país proviene de Veracruz; como es bien sabido, su semilla germinó en manos de Carlos Jurado en la ciudad de Xalapa.

Una vez que estaba plenamente convencido de la cámara estenopeica, diseñé una propia, con la finalidad de divulgar su práctica.

El portafolio aquí expuesto está hecho con dicha cámara. La bauticé con el nombre de Cíclope; en 2022 cumplirá 15 años de fabricación.

Al igual que la primera cámara Vista 100, que fabricó George Eastman, propicia negativos circulares. El motivo de la mencionada redondez es provocar una visión diferente en la experiencia fotográfica.

Estas imágenes corresponden a distintas épocas, algunas incluso proceden del tiempo de aquellos míticos encuentros de cámara estenopeica en el puerto de Veracruz; otras, de los dos estudios en los que he trabajado por largas temporadas. Sin embargo, en todas se impregnan algunas inquietudes que son una constante. Por razones de espacio, enunciaré solamente dos: la primera, la composición intuitiva, y la segunda, la relación entre los elementos estáticos y los móviles.

La cámara estenopeica, al ser una simple caja obscurecida, carece de una mirilla para hacer el encuadre. Se le podría construir, pero no tiene sentido, ya que las cámaras con objetivo tienen este implemento y otros más que no sólo facilitan la composición, sino también la exposición de la toma.

¿Qué sentido tendría duplicar las funciones de un aparato que sin lugar a dudas trabaja con mayor eficacia? La fotografía estenopeica, por su naturaleza de operación, genera otro discurso visual. Por ello no se trata de complejizar este simple dispositivo fotográfico, sino ampliar el horizonte de la mirada de quien fotografía.

Dada la tremenda reducción de la luz que penetra por el diminuto orificio, los tiempos de exposición se pueden prolongar en el orden de segundos, minutos, horas, días y, en casos extremos, pueden llegar al año.

Este lapso se encuentra fuera de nuestras posibilidades de percepción. La fotografía instantánea se ajusta mejor a nuestro imaginario. El instante genera un registro, algunas veces objetivo. El tiempo dilatado que requiere una estenopeica deja una huella que mayormente es subjetiva. Por eso, la relación entre los elementos estáticos y los móviles registrados en una fotografía estenopeica se vuelve poética y abandona el territorio del documento para sumergirse en las antípodas de la objetividad.

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