Por Carolina Romero

Un grito de auxilio resonó a lo lejos mientras Javier Vallejo iba rumbo a la redacción de El Sol de León luego de una cobertura. Sin importarle que la camioneta de prensa en la que viajaba estuviera en movimiento, pegó un brinco desde la caja de carga y se acercó a una mujer embarazada que había sido apuñalada. 

“Ayúdame, no puedo respirar”, dijo ella mientras apenas podía sujetarse de un árbol. La hijastra de la víctima estaba parada a unos pasos y tenía en la mano el cuchillo con el que su hermano cometió el crimen. Al lugar llegó corriendo un policía de Tránsito, quien alcanzó a pescar del brazo a la señora mientras se desvanecía. 

A partir de ese momento, Javier no dejó de disparar su cámara. “Tomé la foto, caminé y la vi desangrarse y exhalar su último suspiro”, narra. 

El agente vial detuvo como responsable del asesinato a un muchacho, quien también era hijastro de la mujer. “¿Por qué la mataste?”, le preguntó el fotógrafo cuando tuvo oportunidad; la respuesta fue: “Esto es lo que yo quería, nos iba a manchar el apellido”. 

Javier fue contundente con quienes reclamaron el porqué no auxilió a la víctima: “Soy un fotógrafo de prensa. Si usted observa las fotos, verá que en el lugar había un policía que ayudó y capturó al asesino. Cada quien hizo su trabajo”. 

León, Guanajuato. Septiembre 15, 1960. 

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