Por Ana Luisa Anza

En el aparador de una tienda departamental encontró unas cámaras análogas y otras digitales compactas. Aunque el ajustado presupuesto determinó su decisión, Raymundo Ángeles de Córdova comprendió años después que el haber elegido una cámara “de rollo” fue crucial en su vida fotográfica: implicaba, como sigue haciéndolo, comprometerse con cada disparo y, sobre todo, aprender a mirar y pensar la foto. 

Ese viaje a Italia en 2004 fue más que una recolección de imágenes turísticas: se convirtió en el descubrimiento de la fotografía como su medio de expresión personal. Hoy, quien utiliza el alter ego de ARY Kördean y/o RAY Dieciocho, es uno de los finalistas mexicanos de los premios Latin America Professional Award de los Sony World Photography Awards (SWPA) 2020 en la categoría de Discovery (Foto de encuentro), con su serie “Var 19/20”, y cuyos resultados serán dados a conocer el 9 de junio.

“Ese encuentro fue mágico, una epifanía sin duda. Comencé la aventura en Roma. Llegué temprano a mi primera parada, el Coliseo; ahí, recorriéndolo tranquilamente, extático por su hermosura, mientras hacía las fotos de recuerdo, sentí la necesidad de capturar imágenes de otro tipo, de sombras, texturas, rastros…”, recuerda. “Me descubrí profundamente emocionado, inmerso en el placer creativo que conocía porque empecé expresándome artísticamente por medio de la poesía en 1998, y del dibujo un poco antes, pero creo que desde entonces comencé a hacer foto abstracta”. 

Después de ese día en el Coliseo, se enfocó cada vez más en hacer sus fotos que en crear imágenes de recuerdo. Desde entonces ya no pudo parar y, a la par de la foto abstracta, hizo también paisaje, casi exclusivamente atardeceres y nubes. Pero es claro que su pasión es ese blanco y negro donde la geometría y las formas adquieren una nueva belleza por la luz que incide en los objetos. 

Dicen que hay quienes esperan el momento en que un haz de luz se “coloque” tímida o violentamente sobre un objeto para crear sensaciones. Otros aprovechan el momento en que, súbitamente, ven las formas creadas por fenómenos tan cotidianos como la particular luminosidad de una puesta de sol, por ejemplo.

“Cuando se trata de objetos que están en mi casa o en lugares por los que paso regularmente, y que no se van a mover, sí espero a que tengan la mejor luz”, dice. “Por el contrario, cuando sé que es el único momento que tendré para hacer la foto de ese objeto, persona, etc., no me importa usar flash, el celular, o una cámara de bolsillo”.

Afortunadamente, hoy no tiene sólo aquella cámara análoga con la que inició su pasión. Como la mayoría, cuenta con mucho más recursos que antes –tanto de captura como de postproducción– así que le es más sencillo resolver cada situación. Pero también ha ido perfeccionando técnica y su estilo personal. 

“Tengo series en las que pongo un fondo y luces, incluso en algunas doy forma a los objetos con las manos”, explica. “Encuentro que para mí fue fundamental haberme descubierto como apasionado de las artes en general mucho antes de hacer foto, sobre todo de la pintura y el cine; así que cuando tomé la cámara, ya tenía educado un poco el ojo”.

El fotógrafo hidalguense dejó la foto análoga en 2014, luego de un taller semestral que tomó en el Centro de las Artes de Hidalgo, básicamente por instrucción de su mentor principal, el maestro Enrique Garnica. 

“Sí cambia el resultado, por las herramientas disponibles para el tratamiento y captura”, expresa. “Pero lo más importante es que ahora puedo concretar ideas que siempre tuve, que ya corresponden al ámbito del arte digital, como mis autorretratos y las obras que expuse en la Universidad del Estado”.

Pero no todo es geometría y abstracciones. ARY Kördean tiene recuerdos interesantes de la fotografía en sí, como la que le tomó a una señora de alrededor de 75 años que se sentó en  la misma mesa en donde él comía, en una fonda. Era 2011.

“Me enamoré de su rostro, del estado de ánimo que venía cargando; sabía que tenía que retratarla en ese momento”, dice. “Mientras comíamos y platicábamos amenamente de cocina mexicana, pensaba cómo proponerle mi objetivo; en eso estaba cuando la veo dejar un billete sobre la mesa sin esperar cambio, levantarse, despedirse cordialmente y salir de la fondita…”

Salió entonces corriendo tras ella: “Señora Lolita, tengo que retratarla”, le dijo. Ella le dijo que para qué, si ya era una vieja.

“Es que usted me cayó muy bien, y por su mirada”, atinó a contestar. La señora accedió pero tuvo que esperarlo mientras iba y venía para usar una réflex, e iniciar una sesión improvisada. Le llevó luego una selección impresa a su casa. 

“En octubre de 2019 me contactó vía fan page uno de los hijos de la señora Lolita; me dio la triste noticia de su muerte; pero me buscaba, principalmente, para agradecerme por haber dejado fotos “tan bonitas” de su mamá”, recuerda. Es una anécdota que guarda con emoción. 

*Artista originario de Pachuca, Hidalgo, México. Descubrió su pasión por la fotografía en 2004. Después de varios años de educación autodidacta, decidió formalizar sus estudios con diversos diplomados, talleres y cursos. Desde 2011 ha estado transitando por aulas como las de la Universidad del Claustro de Sor Juana, el Centro de las Artes de Hidalgo y la Escuela de Fotografía George Eastman (CDMX).

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