En marzo de 2020, al iniciar el confinamiento a causa de la pandemia de Covid-19, el fotógrafo Antoine d’Agata decidió lanzarse a las calles de París.

Como todo reportero, documentó aquello delante de su cámara. Sin embargo, su estrategia fue extraña, porque renunció a apoyarse en el código visual del fotorreportaje que, como miembro de la agencia Magnum, domina.

Eligió una cámara térmica, ciega a los detalles y a los colores habituales de las cosas. Así, sus imágenes resultan de la diferencia de temperatura de las cosas: amarillo es muy caliente, vivo; negro es al frío, a lo muerto.

La ciudad lucía vacía y espectral, apocalíptica. La transitaban figuras solitarias, a veces en filas con la ahora distintiva separación de metro y medio. El espacio público exterior sólo estaba habitado por vagabundos, abandonados al frío y a su suerte. Y los espacios interiores eran las salas de hospitales. Ahí no había nada más que médicos, enfermos, aparatos y tubos. El código de color se tornaba dramático, urgente, porque reflejaba la oposición definitiva de lo vivo y lo muerto.

Si bien es imposible identificar personas y cosas, resulta evidente que lo que se representa reiteradamente en las 1111 imágenes que conforman la obra son experiencias que atañen a todos: soledad, vacío, enfermedad y desesperación… pero también compasión y luz: la eterna lucha por vencer a la oscuridad, el miedo, el frío.

Parte del proyecto de d’Agata se presentará en la Galería Patricia Conde del 2 de septiembre al 17 de diciembre de 2021.

En esta instalación, tanto el exceso como el orden son parte del sentido: una propuesta relevante que se integra a la reconocida obra de d’Agata como fotógrafo errante, de situaciones urgentes y límites. Esta exposición también presenta fotografías clásicas del fotógrafo, con énfasis en las producidas en México. También se exhiben dos videos: Oscurana (2018) y Virus (2020).

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