Sandra Pérez Jiménez

© Pedro Valtierra, Chinandega, Nicaragua, 1979
© Pedro Valtierra, Chinandega, Nicaragua, 1979

La Revolución es uno de los grandes temas de la fotografía en el que la muerte, la crueldad y el dolor están presentes de forma latente. El final de los años setenta fue un momento significativo en Centroamérica; tuvieron lugar movimientos armados en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. El registro de estos movimientos como parte de una labor informativa dio pie a una nueva clase de fotoperiodismo, ligado con la toma de conciencia social de quienes capturaban las imágenes.
En México Manuel Becerra Acosta, director del periódico unomásuno, reconoció la importancia de enviar corresponsales para cubrir conflictos y disminuir la dependencia de las agencias internacionales.
Este tipo de decisiones periodísticas dio pie a la conformación de una visión propia de los latinoamericanos sobre sí mismos; la que se sumó a las interpretaciones acostumbradas de los corresponsales extranjeros.
Una de las cualidades de esta visión fotográfica latinoamericana consistió en reunir en una toma la parte informativa con la artística; así la creatividad de los fotorreporteros para registrar estos movimientos derivó en una estética particular de la época, que destacó los esfuerzos y penares de las luchas sociales en contra de las dictaduras.
En este sentido, las fotografías captadas por Pedro Valtierra, dan cuenta de la Revolución Sandinista con un registro amplio de los involucrados y la reunión de elementos significativos del sandinismo y del somocismo.
La participación de los combatientes sandinistas: jóvenes niños, mujeres, campesinos universitarios y sacerdotes católicos está puntualmente documentada. Así como la presencia de lo militares somocistas, el bunker, las pintas, el saqueo, las barricadas, los mítines, el trabajo de los corresponsales, los civiles, los dirigentes como Tomás Borge, Daniel Ortega, o personajes como Ernesto Cardenal, Violeta Chamorro, Sergio Ramírez y Alfonso Robelo Callejas. Así como momentos significativos de la insurrección: la caída de Somoza, donde los sandinitas derivaron y destruyeron la estatua de Anastasio Somoza García.
En las tomas de Valtierra destaca su cercanía con los personajes, de ambos bandos. Predomina el retrato de alta expresividad; incertidumbre, tensión, dolor, son emociones proyectadas por los rostros.
Es notorio el impacto que causó en el fotógrafo mirar que las tropas de los sandinistas estaban integradas por mujeres y niños: En la fotografía titulada “Jinotepe” muestra a un niño de entre 11 y 13 años de edad; en su pecho, dos tiras se cruzan cual carrillera; en sus manos, una pistola revolver 38; mirada insegura. En segundo plano un combatiente mayor que él.
También destaca la búsqueda de perspectivas que acentúan el dramatismo del acontecimiento, o bien las composiciones que evidencian el armamento empleado por los civiles insurgentes, y que, en algunos, contrasta con la honestidad de la mirada y el rostro, y con la cotidianidad de su vestimenta y la escena.
Una constante son las imágenes captadas en lugares abiertos y tomadas con luz natural de día.

1 COMENTARIO

  1. Esa foto no fue tomada en jinotepe sino en San Marcos Carazo y lo puedo confirmar por que el niño en la foto es mi padre Jorge Noel Zepeda que desde la edad de 8 años estuvo involucrado en la guerra

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