Con una serie sobre las precarias condiciones de escuelas rurales en Chiapas, el fotógrafo mexicano Ariel Silva ganó el primer lugar del X Certamen Internacional de Fotografía Solidaria, organizado por la diputación de Jaén, España.

Maestros de la montaña, proyecto realizado con apoyo del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca, muestra el contexto de una escuela en el municipio de Zinacantán, en el Estado de Chiapas (México), a través del cual Silva investiga la figura del maestro rural y la educación comunitaria.

“Vivo en un lugar en el que el conflicto magisterial es un problema serio desde hace décadas”, explica. “Me pregunté por qué y es la razón por la que estoy investigando el tema, para entenderlo desde su origen y mostrarlo a los demás desde mi visión”.

“Quiero entender por qué tanta furia y ánimo de rebeldía”, continúa, “por qué Chiapas ocupa el último lugar en educación y el progreso, a pesar de los discursos políticos optimistas, parece no llegar al sur mexicano”. 

Silva dice que le gusta platicar acerca de las personas que ha conocido a través de este proyecto en el que lleva trabajando desde inicios de 2019 con  como el caso del maestro Alejandro Zurita, líder de Conafe, y cuya escuela se ubica en el ejido José María Morelos y Pavón, a ocho horas de la cabecera municipal, Palenque. En el pueblo sólo viven alrededor de 80 familias.

“La mitad del camino para llegar no está pavimentado. Al lugar, únicamente hay una unidad de transporte al día, la cual sale de Palenque a mediodía, pasa por los ejidos Vistahermosa, Las Delicias, El Clavo, Reforma Agraria y varios más, hasta arribar poco antes del anochecer a la comunidad. Y si alguien quiere regresar a la ciudad, debe esperar a las cuatro de la mañana, cuando la misma unidad baja”, comenta.

La escuela secundaria Benito Juárez, fundada hace apenas dos años, atiende a 35 alumnos de los tres niveles de secundaria. El maestro Alejandro trabaja con los estudiantes de primer grado y vive en la comunidad por periodos de dos o tres semanas seguidas. Luego de ese tiempo vuelve a casa a ver sus padres, compra víveres, responde correos electrónicos y atiende temas personales.

Silva explica que, en el ejido, el maestro comparte una choza un tanto improvisada con sus compañeros David y José, duermen en hamacas y se bañan en el río. Comen en las casas de los padres de sus alumnos, cada día en una casa diferente, pero siempre una dieta similar: arroz, frijoles, huevos y tortilla. A veces pollo o pasta, pero es raro.

“La jornada diaria termina temprano”, sigue. “A las siete de la noche, Alejandro prepara su clase del día siguiente. No hay internet ni teléfono, y la luz falla, por eso la vida es tranquila. Parece que el tiempo no pasara o que todos los días fueran una copia del día anterior. Sin embargo, aquí hay maestros que llegaron con el ideal de que en algún punto de la historia la vida de estas personas debe cambiar, para mejorar. Y esa es su tarea, la construcción de un mejor país por medio de pequeñas acciones que nadie ve, pero que están ocurriendo en las montañas”.

Además del galardón de Ariel Silva, el segundo lugar fue para Daniel Osuna González por  la serie Los olvidados de Chandni Chowk, un mercado de Nueva Delhi (India) en el que desde el amanecer se produce un constante fluir de pequeños mercaderes que aspiran a conseguir un pequeño sustento con el que pasar un día más.

Y el premio del público fue para Sergio Reyes Pérez, por su serie Matmata versus primer mundo, el cual refleja las penurias vitales a las que se enfrentan los pobladores de Matmata, una zona predesértica de Túnez en la que viven casi sin agua y en viviendas hechas con barro cocido, con una ausencia absoluta de comodidades contrapuesta a la opulencia del primer mundo.

 

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