Moisés Rodríguez no encuentra motivación para hacer fotos en su casa. El confinamiento que ha traído consigo la pandemia de coronavirus le robó parte de su aliento. Algo le falta, dice.

Tal vez gastar suela en la calle, de las mejores cosas que sabe hacer, mientras carga con su cámara al hombro. Ahí, entre el bullicio cotidiano que caracteriza a la Ciudad de México, encuentra la inspiración que necesita para transformar en imágenes cualquier esquina, la perspectiva de una escalera, los patrones de una construcción o un rincón en el que danzan por igual luces y sombras.

Con el halo de melancolía con el que el blanco y negro llena naturalmente a cualquier foto, sus postales se convierten en microrrelatos ficticios, en imaginaciones dotadas de una narrativa que nos transporta a un sitio o a otro, a un diálogo, una reflexión o pensamiento en torno a la imagen, al instante.

Este es el recuerdo de su archivo, ese mismo que ha estado hurgando estos días para mantener la fotografía de la calle viva en su memoria.

Textos y fotos por Moisés Rodríguez

Paso de cebra.

—Buenas tardes, ¿hablo con la persona que pinta las cebras peatonales?
—Diga.
—Sí, mire, hay una que está ocasionando un problema.
—¿Y cuál es el problema?
—Las franjas no guardan la misma distancia entre sí, lo cual genera un severo conflicto visual.
—¡Pff, menuda tontería la suya! —expresó el director de los Pasos de Cebra, antes de colgar el teléfono.

 

Antares.

La antimateria que caía de sus pestañas, era remanente del apogeo que alguna vez ostentó al alzarse, roja y colosal, sobre millones de noches sin testigos.

Ahora, hecha una brasa, la joven Antares iba y venía en el cuadro, con su sombra como péndulo, asimilando con dos pasos en la luz y otros dos en la penumbra, que lo único seguro en la memoria del universo es el olvido.

Ascenso a dos luces.

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