Texto y fotos por Denisse Hernández

“Aquí puedo ser yo mismo”, dicen los vendedores de la Tianguis Disidente, quienes la describen como “una protesta creada en respuesta a la violencia económica ejercida hacia las corporalidades LGBT+”, y que para muchos se ha convertido en su único sustento luego de la crisis económica que provocó la pandemia por Covid-19.

Al salir del Metro Insurgentes, rumbo a la transitada Zona Rosa, los transeúntes caminan entre los puestos con artículos de todo tipo, música, lecturas de poesía e incluso pasarelas protagonizadas por los mismos comerciantes.

Desde su inauguración, en 1969, la Glorieta de los Insurgentes ha sido uno de los principales puntos de encuentro de la Ciudad de México. Su peculiar construcción circular por debajo del nivel de las vialidades no sólo la transformó en un espacio peatonal esencial para los capitalinos que caminan por las colonias Roma y Juárez, sino que también la convirtió en un albergue donde diversas culturas y grupos de todas las edades conviven alrededor de negocios y expresiones artísticas.

De miércoles a sábado, decenas de tiangueros toman un espacio de la glorieta y en puestos improvisados con mantas, racks o pequeñas mesas colocan todo tipo de productos. En cada uno de ellos vive la esperanza de vender en un espacio en el que se sienten seguros y pueden ser ellos mismos sin filtros, no existe el miedo al rechazo.

Las personas pueden encontrar ropa, la mayoría, de segunda mano; accesorios, juguetes, zapatos, libros, poemas, ilustraciones y comida, entre otras cosas y antigüedades.

Un sitio sin filtros 

En una ciudad donde las preferencias sexuales son el tercer motivo de discriminación y la homofobia ocupa el sitio número ocho, de acuerdo con la Encuesta Sobre Discriminación en la Ciudad de México 2021 (EDIS), los miembros de La Tianguis decidieron a principios del 2021 crear un espacio seguro para que cualquier miembro de la comunidad LGBT+ pudiera generar un ingreso sin necesidad de esconder su identidad por temor a no ser aceptado.

“Surge a partir de la violencia que vivimos todos los días las personas que tenemos una expresión de género distinta o una preferencia sexual que no encaja con los estándares hegemónicos. Se construye minuto a minuto como un espacio seguro para la comunidad disidente para que puedan venir y ser elles mismes”, explica Aine Marín, de 22 años, quien forma parte del colectivo Magia Ilegal y semana tras semana coloca su puesto debajo de la estación del Metrobús de Insurgentes.

La protesta, que ahora es parte del paisaje de la glorieta, está conformada por aquellas personas inconformes con la opinión general y el sistema al que pertenecen, mismo que los discrimina y excluye, de ahí la palabra disidente. La mayoría de los vendedores llega de zonas de la periferia, como Iztapalapa, Azcapotzalco, Nezahualcóyotl, Ixtapaluca, Valle de Chalco y Xochimilco, así que para muchos es más complicado llegar.

“El transporte que pagamos es mucho más elevado, ronda entre 25 y 20 pesos lo que tenemos que pagar sólo para llegar aquí, más el regreso. Muchos vivimos en lugares retirados de esta zona, que es completamente gentrificada”, dice Aine.

Un refugio para la comunidad LGBT+  

A sus 17 años, David Román ya es conocido en La Tianguis por sus famosas “donas gay”, mismas que prepara en la panadería donde trabaja cuando no está en la Glorieta de los Insurgentes.

Desde hace ya casi tres meses, David encontró más que un espacio para vender, halló un refugio y una segunda familia que en poco tiempo le ha demostrado su apoyo: “Aquí es normal que expresemos sin filtros nuestros sentimientos. Es un sitio en el que puedes llorar y en lugar de mirarte mal o juzgarte se acercan para preguntarte si estás bien y creo que eso es algo que muchos necesitamos, no únicamente los de la comunidad LGBT+, sino todos como seres humanos”.

Maquillajes y atuendos que para muchos están fuera de lo normal, así como las leyendas escritas en las paredes de los pilares que sostienen la glorieta. “Mi sexualidad no es asunto tuyo”, “Ámate y cuestiónate”, “Llora sangre en la ciudad” son sólo algunas de las muchas escenas postales que forman parte de La Tianguis Disidente.

De inmediato se percibe un ambiente de libertad entre los vendedores y algunos de los compradores que visten de manera similar.

“Lo que más me gusta de este lugar es que desde que llegué siento que por primera vez desde hace mucho tiempo realmente puedo ser yo. Es muy común que en otros lugares me sienta observada, pero porque me están juzgando, ya sea por mi ropa, mi estatura… me molesta porque creen que yo me visto para incomodar y lo hago para mí. Me gusta que aquí me miran; sin embargo, me miran y me dicen: `¡Te ves fregona!’. No me ven como un bicho raro, me hacen sentir parte de una comunidad en donde no soy rara, en donde me siento amada”, dice Suly entre música y gritos de La Tianguis.

Gem, una estudiante de 20 años, descubrió al llegar a este espacio su talento para la bisutería y desde entonces lo ha explotado al máximo para crear sus propias piezas y venderlas cada semana: “La Tianguis permite a personas que han sido vulneradas tener un espacio seguro y un sustento libre de explotación, de discriminación… estos lugares son espacios de resistencia que, a la vez, dejan muchas enseñanzas”.

Suly, al igual que su actual pareja, no ha logrado conseguir trabajo por su aspecto físico, por lo que juntos sostienen un hogar sin ayuda de nadie gracias a la venta de accesorios que fabrican para vender en su puesto. Por esta razón, resalta la importancia de que existan estos espacios: “Protestamos porque no se nos otorgan buenos empleos por ser quienes somos, por nuestra apariencia física o por nuestra identidad. Lo veo mucho con mi novie, no le aceptan porque su físico es muy andrógino y eso no le gusta a la gente, además es alta, morena, es de un cuerpo curvy, a mí me pasa lo mismo, y eso que paso un poco más el filtro de lucir femenina”.

Uno de los objetivos de La Tianguis es visibilizar la discriminación la comunidad LGBT+ debe afrontar, ya sea en su circulo familiar, el trabajo, escuela o espacios públicos. De acuerdo con con la Encuesta Nacional Sobre Discriminación (Enadis) del 2017, hecha por el INEGI y Conapred en conjunto con la CNDH, la UNAM y Conacyt, el 30.1 por ciento de los ciudadanos encuestados señaló haber sido discriminado por su orientación sexual. Además, el 40 por ciento de las personas LGBT+ declaró la negación de sus derechos en los últimos cinco años.

A pesar de que muchas personas, incluidas autoridades de la Ciudad de México, no están de acuerdo con el uso del espacio por miembros de La Tianguis, Gem asegura que la glorieta por mucho tiempo fue un lugar olvidado: “La comunidad lo toma y lo vuelve un lugar que incluso atrae a muchos turistas, un lugar que revive gracias a nosotros y que deja de ser este espacio olvidado y se vuelve un lugar donde se puede brillar”.

Aine, además de formar parte de La Tianguis, es parte de Magia Ilegal, una plataforma que se dedica a trabajar con comunidades en situaciones de vulnerabilidad extrema, que normalmente son personas menores de edad transgénero que no tienen casa ni acceso a un trabajo, por lo tanto, tampoco a comprar alimento. Menciona que la importancia de que existan este tipo de espacios en México es de vida o muerte.

De acuerdo con el informe del observatorio nacional de Crímenes de Odio contra Personas LGBT en México, en el 2020 se registraron 43 asesinatos en tan sólo 10 de los estados en los que trabajan. Las cifras que se reportan en dichas entidades son: Baja California, uno; Chihuahua, seis; Ciudad de México, tres; Guerrero, tres; Jalisco, tres; Michoacán, cinco; Nuevo León, uno, y Veracruz, 21.

Unión y comunidad 

La venta de artículos y alimentos es uno de los principales objetivos de La Disidente; sin embargo, detrás de esta protesta “hay todo un equipo de contracultura que procura mantener una agenda muy completa en cuestión de apoyo para la comunidad LGBT+. Se crearon círculos de psicólogos que ayudan a los miembros que lo necesiten, también se realizan pruebas de VIH y sífilis gratuitas, incluso casas hogares se han acercado para dar asilo a personas de la Tianguis, hay quienes de sus mismos ingresos vienen y nos regalan comida o nosotros nos organizamos para compartir los recursos y distribuirlos”, explica Aine.

Según la EDIS, las personas homosexuales y portadoras de VIH Sida están entre los 10 primeros grupos de ciudadanos donde se percibe mayor discriminación.

Durante los fines de semana, los pasillos que solían ser oscuros en la glorieta se llenan de reflectores y aplausos con las pasarelas temáticas y los espectáculos de travestis. Con el paso de los meses, estas representaciones artísticas se han convertido en una parte importante de su protesta; vendedores y compradores de La Tianguis usan el espacio para expresarse a través de su ropa, maquillaje y el baile.

En octubre de este año, miembros de La Tianguis organizaron una protesta pacífica bailando Vogue para visibilizar la violencia que sufrieron por parte de otros vendedores de la zona esta estación de Metrobús.

La Disidente ha demostrado ser una protesta que resiste y crece para ayudar a más miembros de la comunidad, y visibilizar la discriminación que aún existe en el país,  a pesar de que han sido agredidos por las personas que caminan por el espacio o incluso otros comerciantes. “Cada quien en La Tianguis ayuda desde su trinchera y sobre todo nos extendemos la mano con ternura para sostenernos”, dice Aine.

Si hay algo en lo que la mayoría de los tiangueros coincide es que en este espacio las personas que llegan, ya sea como vendedores o compradores, son felices y experimentan una sensación de libertad que les gustaría tener en cualquier lugar,  no sólo en esta parte de la Ciudad, de ahí nace su determinación de mantenerse firmes en su lucha para que sus derechos sean respetados y salgan a las calles sin miedo a ser agredidos o incluso asesinados.

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