Por Carolina Romero

Margarito Pérez Retana no deja puesta de sol, paisaje, flor, insecto o ave sin fotografiar. Y es que entre sus aficiones, más allá de la pasión que tiene por el fotoperiodismo, se encuentra la naturaleza.

El eterno explorador de los límites entre Morelos y el Estado de México disfruta de adentrarse en lo profundo de un bosque en Ocuilán de Arteaga, en el Edomex, y caminar los senderos llenos de hongos, flores y magueyes, para encontrar la escena que se transforme en la foto perfecta.

Esta cacería de cielos azules, fenómenos naturales y animales en armonía con su entorno continúa en la Barranca Hormiga Roja, al poniente de la capital morelense, donde, con tan sólo mirar las copas de los árboles, Pérez Retana captura la batalla de dos pájaros entre las ramas. De vuelta en aquel lugar un día de solsticio de verano busca contraluces, busca siluetas de magueyes o plantas en las que atrapar al sol.

En ese mismo cielo también encuentra atardeceres, nubes lenticulares e iridiscencias, aves que alzan el vuelo, al parecer, a escasos metros de las exhalaciones que emite el volcán Popocatépetl.

Pero a Margarito también lo seduce lo simple, a veces mirar hacia abajo… echar un vistazo a las flores de calabaza de la campiña en el oriente de Cuernavaca, de donde salen algunos para sacudirse el polen que ha cubierto sus diminutos cuerpos.

Y así podrían narrarse una infinidad de imágenes que congelaron un mundo que no siempre nos detenemos a apreciar, pero en el que Margarito Pérez Retana encuentra paz e inspiración para hacer fotografía.

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