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© José Clemente Orozco. La trinchera, 1926

Con la esperanza de que el artista José Clemente Orozco, quien fue un agudo crítico, inspire a las nuevas generaciones en medio de “la profunda crisis” que vive el país, el próximo 30 de septiembre abrirá sus puertas la exposición José Clemente Orozco. Pintura y verdad, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Miguel Cervantes investigador y encargado del guión curatorial de la muestra integrada por 370 obras refirió en conferencia de prensa que la obra de Orozco no es tan vista  como la de sus contemporáneos muralistas: Diego Rivero y David Alfaro Siqueiros, quizá debido a que “no es un pintor fácil de confrontar”, su obra “inquieta, es trágica, dramática, satírica…se logra carcajear a través de la pintura, no es una obra complaciente… Confronta la consciencia, se trata de un artista provocador”.

Y efectivamente en el recorrido por las 14 salas en las que se ha distribuido la obra se constata esa visión crítica de la que habla Cervantes. La crítica, la sátira a través de la mirada de Orozco toca muchos temas: la Iglesia, la Justicia, los avances tecnológicos en pro del armamentismo, el comportamiento militar, “el silencio de las personas ante cualquier forma de exceso de poder”, algunas prácticas prehispánicas como el sacrificio humano, la opresión, etc.”

Por lo anterior Cervantes afirma que la exposición en San Ildefonso trata de mostrar a las presentes generaciones un pintor que tal vez los pueda inspirar en medio de la profunda crisis que vive  el país.

De acuerdo con el investigador, el muralista mantuvo siempre una postura en contra de toda doctrina o ideología que pretendiera esclavizar el pensamiento, por ello se declaró antifascista y anticomunista, lo mismo que anticlerical, que no anticristiano, y consideró a la iglesia como una forma de dominio en toda la historia.

José Clemente Orozco inicia su carrera como caricaturista en la prensa porfiriana, pero aunque estuvo en contra de Porfirio Díaz mantuvo descuerdo con Venustiano Carranza. Y fue hasta que conoció al Dr. Atl, que se adentró de lleno en el tema de la Revolución, y que encarnó junto con Rivera y Siqueiros un movimiento muralista que, como el Ateneo de la Juventud, tuvo la consciencia plena de la necesidad del país de “un cambio profundo en su estructura política y social”, así el muralismo ha llegado a considerarse un movimiento de vanguardia del siglo XX en Estados Unidos, aunque en México siga siendo cuestionado, según Cervantes.

Con la colaboración de diversas instituciones nacionales y extranjeras (Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo de Arte de Filadelfia, Museo de Arte de Dallas, Museo de Arte de San Antonio, el Hood Museum of Art, el Museo Franz Mayer, el Museo de Arte Moderno, el Museo Nacional de Arte, el Instituto Cultural Cabañas, el Museo de Arte Carrillo Gil, y la Colección Andrés Blaistein, entre otras), así como de la familia Orozco se reunieron las obras que integran esta colección, muchas de éstas expuestas por primera vez en México, como el cuadro “Sacrificio humano”, que sólo se conocía a través de los libros. Esa obra se realizó en 1947, la técnica empleada es piroxilina sobre masonite, y pertenece a Fomento Cultural Banamex.

Muchos son los momentos que sorprenden durante el recorrido de la exposición. Además de los apuntes de sus murales, integrados por dibujos, que Cervantes describe por su alta calidad, y por reproducciones de los murales; los dibujos al carbón y pinturas poco conocidas resultan reveladoras para comprender el sentir del artista.

Cuadros atípicos en la obra de Orozco como “El muerto” y “Muerte y resurrección” se exhiben por primera vez juntos, al lado de “Paisaje de picos”, los tres cuadros, dice Cervantes, son de una fuerte carga dramática y encierran enorme misterio.

Otro cuadro importante es el óleo sobre tela “Cristo destruyendo su cruz”, realizado en 1943, en el que el artista retoma la imagen que borró en el mural de San Ildefonso entre 1922 y 1923, cuando su obra, refirió el investigador, es recibida con “enorme escándalo social” por parte del sector conservador y reaccionario de México, sobre todo por parte de las damas católicas, quienes también consideran un “insulto y herejía” el tema de la maternidad que aborda Orozco, porque lo consideran “una virgen desnuda” .

La serie de acuarelas que integran la sección La casa del llanto, en la que incluyen ocho ejemplos de la serie que aborda el tema de la prostitución y la vida en los burdeles, es referencial pues deriva en la primera crítica sobre la obra del artista, realizada por José Juan Tablada, quien, de acuerdo con Cervantes, ya lo ubica en “una posición significativa”.

Destacan los apuntes  del mural Prometeo en el Pomona Collegue Museum of Art, en esta etapa Cervantes ubica el estudio de Orozco de la Simetría dinámica, de Jay Hambidge, “lo que le permite construir figuras más complejas, una tendencia que ya no abandonará”. Sobre el simbolismo de  Prometeo, el investigador señala que  el muralista tenía héroes civilizatorios, y Prometeo es finalmente quien trae el fuego al hombre, una forma de civilización, como también lo fue, de algún modo, Cortés para Orozco.

Otro  momento “anecdótico”, pueden resultar los pauntes de la obra de  José Clemente Orozco en la Suprema Corte de Justicia de la Nación,  planteado en tres murales: las riquezas nacionales, la Justicia, y el movimiento social del trabajo, el segundo mural es una crítica del artista, donde plantea que la justicia no sirve, y que finalmente se convierte en sátira, pues frente a este mural desfilan hasta el día de hoy los ministros encargados de impartir tan utópica circunstancia.

Y un momento final  de importancia, es la serie de manos izquierdas, que el muralista sin mano izquierda, realizó como apuntes para el mural “La gran legislación revolucionaria mexicana”, en la cámara legislativa de Jalisco.

Sobre la temática revolucionaria, se verá presente durante todo el recorrido de la exposición, pero más allá del tema, afirma el curador, el valor inmenso de la obra de Orozco es su plasticidad y capacidad  evocadora más allá de la temática.

Cervantes considera que la última gran exposición que se realizó sobre José Clemente Orozco fue la que el propio muralista hizo en 1949, en el Palacio de Bella Artes, donde reunió 600 obras. Una segunda, pero de menores dimensiones, se realizó en 1979, coordinada por Fernando Gamboa y Raquel Tibol, por lo que esta exhibición resulta con un punto a favor per se.

La exposición  podrá  recorrerse  a partir de 1 de octubre en el Antiguo Colegio de  San Ildefonso (Justo Sierra 16, centro Histórico). Concluirá el 16 de enero. (Anasella Acosta Nieto)

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