Texto por Carolina Romero

Susurra el alba en el litoral de la península yucateca. Paciente, Claudio Contreras Koob espera tirado boca abajo en una de las charcas de la ría Lagartos. Se ha quedado allí desde la madrugada, asomando lo más que puede la barbilla sobre el agua salada y cubierto con una sábana de camuflaje.

La cámara está lista.

Comienza a salir el sol y el cielo se va llenando poco a poco de bandadas de flamencos del Caribe que luego salpican la ciénaga de naranja carmesí.

Alza la mirada. Quieto. Sabe que la fotografía de naturaleza le demanda invertir tiempo. Estudiar. Ir lento. Tener los ojos bien abiertos. Cuidar la seguridad de los animales y buscar que éstos lo acepten en su cercanía.

Las imágenes aquí presentadas forman parte del libro Flamingo, de Claudio Contreras Koob, editado por teNeues y Nature Picture Library.

Quiere que la colonia de flamencos se olvide de que está ahí y así poder participar como testigo de una vida silvestre inalterada. Esa que conoció en la década de los 70, cuando era niño y llegaba a Chuburná Puerto a bordo de una Combi amarilla. Entonces se abalanzaba raudo del vehículo y despegaba hacia la costa para saludar al mar. Una alegría incomparable lo desbordaba cuando se le llenaban los piecitos de arena, luego de un viaje de mil 600 kilómetros desde la Ciudad de México, emprendido fielmente cada temporada vacacional de la mano de su hermano mayor, su madre y su padre, este último de origen yucateco.

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