Por Carolina Romero

La incredulidad se transformó en psicosis de un día para otro. Las autoridades reportaron el primer caso de coronavirus a finales de febrero y, desde entonces, las cifras de contagios, fallecimientos, personas hospitalizadas y posibles casos sospechosos fueron en aumento. Junto con ellas, las imágenes de la epidemia de Covid-19 en México se volvieron cada vez más duras y reflejaron los crecientes sentimientos que llenaron al país: dolor, desesperación, frustración…

Entonces, quedaron atrás aquellas fotografías que, en un inicio, registraron el desabasto de cubrebocas y gel antibacterial en las farmacias, y dieron lugar a una realidad marcada por las escenas en el interior de los centros de salud, donde los pacientes se debaten entre la vida y la muerte; de panteones, donde cambiaron los ritos funerarios y los familiares de los difuntos apenas y pueden llorarles desde lejos; de ciudades vacías, negocios cerrados y cientos de ojos expectantes que, a través de las ventanas o balcones de sus casas, recuerdan cómo era la vieja cotidianidad.

A pesar del llamado a quedarse en casa, hubo algunos que no pudieron parar; entre ellos, los fotoperiodistas.

Consciente de que su profesión es vital para documentar la situación histórica que ha marcado al país y al mundo este 2020, Graciela López, fotógrafa de Cuartoscuro, se ha enfrentado al reto diario de salir a la calle a reportear desde hace cuatro meses. Primero sólo utilizaba cubrebocas y se frotaba las manos de vez en vez con gel antibacterial; hoy no comienza su jornada si no se coloca los googles, careta y mascarilla.

Recuerda con claridad  los últimos eventos que cubrió antes de la alerta: el Vive Latino y la marcha feminista del 8 de marzo, cuando las personas estaban unas junto a otras sin miedo, se saludaban de beso o abrazo, gritaban al unísono sin una mascarilla que les cubriera la mitad del rostro.

Los días de ir a fotografiar sesiones en el Senado o en San Lázaro quedaron atrás, también las asignaciones en eventos de políticos, obras de teatro o danza… poco a poco, la cotidianidad de Graciela se convirtió en pasar horas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a la espera de encontrar señales de la implementación de medidas sanitarias. Después, de hacer guardia afuera de hospitales, de retratar traslados de pacientes, toma de pruebas, el trabajo de los médicos que combaten al virus, negocios que iban cerrando, calles vacías y poca gente en el transporte público.

A diario, la incertidumbre y el asombro la invaden al observar a las personas: “El asombro que sigo teniendo es porque veo a mucha gente escéptica por un lado y, por el otro, también he visto a gente llegar muy enferma a los hospitales, la saturación de los crematorios y panteones.

“Estoy consciente de la importancia que es documentar esta transición que estamos viviendo. Me ha tocado que la gente me diga que no quiere que tome fotos y me han enfrentado para que las borre. Es válido y cuando me han dicho que no, no lo hago, pero también me ha tocado que me digan que sí, esas personas entienden esta profesión”.

Para escuchar más de la nueva normalidad fotoperiodística de Graciela López, sintoniza este enlace, donde la fotógrafa estará dando una charla al respecto: https://www.facebook.com/watch/?v=792510004906275

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