Texto y fotos por Denisse Hernández

Por más de 50 años, Luis Ruiz ha dedicado su vida a inmortalizar los rostros de miles de personas en Alori, un estudio fotográfico ubicado en la colonia Condesa de la Ciudad de México, conocida por albergar a artistas de la televisión, músicos, escritores y políticos, entre otros personajes. Gael García Bernal, Diego Luna, Natalia Lafourcade y John Malkovich, el famoso actor de Hollywood, son sólo algunos de los clientes que Luis ha sentado delante de su cámara para fotografiarlos.

La fotografía llegó a la vida de Luis por necesidad; cuando tenía apenas 17 años salió de Michoacán para estudiar la preparatoria y buscar mejores oportunidades en la Ciudad de México; en ese entonces, Distrito Federal. Habló con su primo Jesús Rodríguez para pedirle trabajo como aprendiz en el estudio fotográfico que tenía en la colonia Viaducto Piedad y así pagar sus gastos.

“Mi primo, quien es un verdadero maestro, me aceptó sin pensarlo dos veces y me enseñó lo necesario para iniciarme en la fotografía. Iba a clases en la mañana y toda la tarde le ayudaba en el estudio”, cuenta el fotógrafo desde la entrada de Alori. Así fue como, desde 1964, Luis posicionó su ojo en una cámara y encontró suprofesión.

Después de algunos años de aprendizaje con su primo, a Luis le llegó una oportunidad que no pudo rechazar: tener su propio estudio. El antiguo dueño de Alori decidió traspasar el local cuando falleció su esposa; fue entonces que el fotógrafo se armó de una cámara Noba que usó por más de 40 años y se mudó a la colonia Condesa. “La vida en ese entonces era muy solitaria, había muy poca gente, lo que no cambia es lo que he hecho desde hace 50 años: fotos tamaño infantil, para credencial, pasaporte y cartilla; de vez en cuando, bodas o sesiones más elaboradas, es algo que me gusta mucho hacer”.

El estudio de Luis no es como cualquier otro, pues entrar a Alori es como entrar a un salón de la fama. Lo primero que notan los que atraviesan esa puerta es la pared que sostiene retratos de personajes del mundo artístico, literario y político que ha hecho el fotógrafo. John Malkovich, actor de Hollywood; Ginés García Millán; el controversial poeta Juan Gelman, Luis Gerardo Méndez, León Larregui, Enrique Rangel, de Café Tacvba; Gael García Bernal, Diego Luna, Diego Boneta, Ximena Sariñana, Natalia Lafourcade, Osvaldo Benavides, el político priista Francisco Labastida Ochoa, Violeta Isfel, Ana Martín, Ana Torroja, Alejandra Ávalos, el exfutbolista Ricardo Peláez, Mario Iván Martínez, la periodista Cristina Pacheco, Esmeralda Pimentel, Jay de la Cueva, Ana Layevska, Humberto Zurita, Maribel Guardia yDenisse Merker son sólo algunos de los clientes que han llegado al estudio de la Condesa. Incluso hay quienes se convierten en amigos, como es el caso de Ricardo Peláez o Alejandra Ávalos, quien acude al mismo estudio desde los 13 años.

“Juventud, divino tesoro” es como Luis describe la importancia de inmortalizar a las personas en una foto: “Todos quieren tener algo que les recuerde cómo eran hace 10 o 15 años. En estos años he visto crecer a varios clientes, pues venían al estudio desde que eran pequeños”, cuenta el hombre de 75 años, siempre con una sonrisa en el rostro.

En un inicio, la fotografía sólo fue una alternativa para obtener dinero; sin embargo, ahora Luis no puede imaginar otra vida que no sea la de fotógrafo: “Me siento realizado con lo que hago, fui muy afortunado de ser fotógrafo en esta zona y, a pesar de que no hay mucho trabajo, me sigo manteniendo. Nunca pensé dedicarme a otra cosa y, a pesar de la condición actual, soy consciente de que el trabajo es el espíritu de mi salud. Además, disfruto salir de mi estudio a tomar fotos, tal vez como aficionado, pero me gusta”.

Quienes vivieron la transición de lo análogo a lo digital suelen hablar del cuarto oscuro, las ampliadoras y todo el proceso que conlleva esta técnica. Con un tono de nostalgia e incluso tristeza, este no es el caso de Luis. El propietario de Alori dice estar maravillado con la fotografía digital, pues desde hace 10 años comprar una caja de 100 hojas para su Noba se volvió incosteable: “Lo negativo ya pasó al museo de las antigüedades, aquí tengo mi cuarto oscuro… charola de fijador, luz de seguridad, químicos, dos ampliadoras, todo sirve, pero ahora es muy caro y tardado”, cuenta el fotógrafo mientras prende la luz de seguridad para verificar que aún funciona.

Ver trabajar a Luis es un espectáculo. Su impecable manejo de la luz y carisma hacen que cada cliente se vaya satisfecho con el resultado: “Se vale no sonreír, pero no salir enojado”, les dice mientras les da consejos para posar y dispara la cámara. A pesar de que ya no revela en su cuarto oscuro, maneja su máquina Mitsubishi e impresora con tal confianza que pareciera que siempre trabajó de esa manera. Sin duda, vale la pena visitar el estudio de Luis, ya sea como cliente o como simple aficionado de la fotografía, pues él mismo confiesa que no sabe el futuro de Alori, ya que ninguno de sus hijos eligió la misma profesión que él.

Creemos que los grandes fotógrafos sólo son aquellos que están por las calles capturando la vida diaria o los acontecimientos de impacto; sin embargo, los fotógrafos de estudio como Luis son igual de valiosos, pues, a su manera, hacen un registro de la sociedad. Con un retrato se pueden obtener datos sobre cómo vestían las personas en cierta época, los peinados, el maquillaje, etcétera. El archivo que vive en Alori es un tesoro que merece el mismo respeto que el trabajo de cualquier otro fotógrafo.

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