Por David Polo

CIUDAD DE MÉXICO, 17DEFEBRERO2016.- Enrique Metinides inaugurará el próximo sábado 20 de febrero la muestra "El hombre que vio demasiado: Enrique Metinides", en el Foto Museo Cuatro Caminos. La exposición es una retrospectiva con el trabajo que el fotógrafo de la fuente policiaca realizó a lo largo de medio siglo en diarios de la capital mexicana. FOTO: DAVID POLO /CUARTOSCURO.COM

 

Enrique Metinides es un hombre sencillo, sincero y sagaz, a sus más de 80 años conserva una memoria formidable que acompaña a las historias de las miles de fotografías que hizo cubriendo la nota policiaca para diversos diarios y publicaciones de la Ciudad de México durante 50 años.

Dueño de una lucidez que incluso muchos jóvenes envidiarían, “el Niño”, como se le conoce desde que inició en el fotoperiodismo a la edad de 9 años, recibió en su casa a Cuartoscuro para platicar sobre su trayectoria.

Cuartoscuro: Del cine a la calle, de la calle a las planas de los diarios, ¿cómo fueron sus inicios en la fotografía?

Enrique Metinides: Mi papá tenía un negocito de cámaras y rollos donde estaba el hotel Regis, cuando tuvieron que quitar ese negocio puso un restaurante en San Cosme y me regaló una cámara. A los ocho o nueve años, yo tomaba fotos de monumentos, del tráfico, de las ferrocarriles, de la Alameda, de todo tomaba fotos, también iba mucho al cine a ver películas de gangsters, como estas -Metinides se levanta y toma de un estante varios DVD con filmes de la mafia italiana en Estados Unidos-, aquí me basé para hacer mis fotos, claro que estas películas están hechas en los años 40, pero son historias de los años 20, del tiempo de Al Capone; se me metió mucho la idea de retratar casos como los de las películas.

CO: ¿Por qué fotografiar esos temas?

EMPues por las películas nomás, en vez de jugar con una pelota o con canicas, jugaba yo con mi camarita y no la soltaba, era una cámara de medio formato y nomás tomaba 12 fotos en blanco y negro. A dos cuadras del restaurante de mi papá estaba una delegación policiaca e iba a comer el Ministerio Público, un día vieron mis fotos y me invitaron a la delegación a ir a tomar fotos, comencé a retratar a los muertos, los detenidos y las broncas que hay en todas las delegaciones, a los ocho años.

Ya cuando tenía casi diez años hubo un accidente antes de irme a la escuela, chocó un carro en San Cosme y le tomé fotos con mi camarita ¡clack, clack! y llega un taxi y se baja un fotógrafo y yo me le quedé viendo y él me veía que tomaba fotos, Era Antonio Velázquez, que en ese momento trabajaba para La Prensa, me djio: ¿por qué estás tomando fotos?, le digo: las colecciono, me dan ganas de tomar fotos… ¡ah! dijo, vénme a ver al periódico y tráeme tus fotos para verlas. Al día siguiente las vio y me preguntó si quería ir a trabajar con él, “no te voy a pagar nada, nomás para que aprendas, pide permiso en tu casa”, dijo; nunca pedí permiso, pero me iba con él todas las mañanas a Lecumberri, a la Penitenciaría, al Forense, a la Jefatura de Policía, a la Procuraduría, a los Bomberos y a la Cruz Roja.

CO: ¿Cómo reaccionaba a esa edad al retratar todo lo que veía?

EM: ¡Me acostumbré por las películas!, todo lo veía ahí primero y luego ya en persona, si me daba un poco de miedo, pero me acostumbré rapidísimo, porque aquí -señala el paquete de películas sobre la mesa- veía yo cómo los mataban, haz de cuenta, como los narcos ahorita, pero era por el alcohol.

En una ocasión hubo un crímen en Nonoalco, en Buenavista, donde pasaban los ferrocarriles que iban a todo el país, dos tipos mataron a uno y le pusieron el cuello en la vía del ferrocarril y entonces pasa el tren y le corta la cabeza. Yo ya iba a la delegación a tomar fotos de cadáveres y me dijo el Ministerio Público: “ahí te están esperando para que tomes fotos de un muerto que llegó”, me estaban haciendo una broma, cuando me vieron se chiflaron y uno agarró de los pelos la cabeza amputada y yo salí corriendo, pero luego regresé y le tomé la foto, tenía diez años.

CO: ¿Cómo incursionó en el fotoperiodismo?

EM: Con Antonio Velázquez, alias “el Indio”, aprendí muchas cosas. Colaboré 16 años con La Prensa y luego con La Alarma desde que se fundó hasta que en los años 60 Manuel Buendía fue nombrado director general de La Prensa, me habló a la Cruz Roja y me dijo “vente para acá que ya soy el director y ya vas a trabajar aquí, ya vas a ganar dinero”, pues me fui, pero estuve tres años sin contrato, nada más me pagaban la foto publicada, pero ganaba más que los de planta porque publicaba más.

En 1964 entré a la cooperativa y duré hasta 1997, inmediatamente me asignaron la policiaca, mal llamada ahora nota roja; mi chiste era buscar los casos y los reportajes, yo formé el grupo de periodistas de nota policiaca. La gente con los años le puso roja por el color de la sangre, pero en realidad es policiaca.

CO: De todos los fotógrafos de ese tiempos ninguno trabajaba como usted, ¿qué le hizo fotografiar de esa manera?

EM: La verdad es que ellos tomaban fotos al trancazo, yo llegaba antes que todos, tuve miles y miles de casos exclusivos y luego me andaban buscando para que les diera fotos y me hablaba hasta el director del periódico, que todos eran amigos míos porque todos trabajaban en la prensa y luego cuando ya subían a directores me hablaban: “oye Enrique, dame una foto del incendio que fuiste allá porque mi fotógrafo no llegó a tiempo”, el mismo periódico estaba de acuerdo porque luego ellos también nos daban fotos.

No sé qué me pasaba, pero hasta presentía donde iba a ocurrir la foto buena y parece que me esperaban, porque exactamente cuando yo llegaba ocurría la mejor escena, tenía suerte, y una cosa que siempre me metía en la cabeza: pocas fotos, pero bien tomadas.

Esperaba el momento exactito de apretar el botón, no al trancazo, como ahorita que agarran y le hacen tactactactactac… no, yo llegaba y tomaba 5 o 10 fotos, máximo 15, solamente que fuera una cosa muy espectacular sí me acababa dos o tres rollos. Tengo muchas fotos que inclusive teniendo la cámara en la cintura yo siempre ponía el dedo en el botón y a veces cuando veía la foto buena ni tenía tiempo de mirar por el obturador, nomás disparaba y me quedaba bien porque me acostumbré mucho a centrar la foto desde abajo y me quedaban como si la tuviera en el ojo.

CO: ¿Cómo conseguía todas las exclusivas?

EM: Pues tuve mucha suerte, yo no salía a trabajar si no tenía una estampita de la virgen en la bolsa y una rana en la otra, una para que me diera suerte y otra para que me cuidara. Tengo 19 accidentes de muerte, 9 costillas rotas, me atropellaron dos veces, me caí a barrancos, estuve perdido por días y estuve sepultado en derrumbes, tuve un infarto y me salvé de milagro, un dedo roto y cicatrices por todos lados, eso es lo que me dejó la fotografía.

Aparte de los 19 accidentes de muerte tengo montones que no me pasó nada, pero estuve a punto de morirme también. Cuando me preguntan ¿cuántos años tienes? digo 133, por qué, porque tuve 19 accidentes de muerte, y los gatos tienen 7 vidas, entonces 7 por 19 da 133 y así lo ponen, pero por los gatos.

CO: ¿Cuáles eran los lineamientos para trabajar la policiaca hace 50 años?

EM: Ahí está el chiste, para empezar, la foto era en blanco y negro, particularmente buscaba fotos en vida de la persona que habían asesinado; luego era retratar la fachada de la casa donde ocurría el crimen, o un aspecto de lejos si era una calle, que se viera todo el ambiente, la gente, los carros, todo; luego, la foto de los peritos buscando huellas, quién mató y todo, ¡nos dejaban entrar a retratar!, ahora ya no dejan. Si la foto tenía mucha sangre el departamento de dibujo se la borraba, si tenían la cara destrozada le ponían alguna cosa para que no se viera, el chiste era sacar la foto de los muertos, pero retocada para que no se viera espantosa.

Cuando salimos a color, en 1972, lo primero que me dijeron a mí fue: ni una gota de sangre ni retrates cadáveres, no se van a publicar, y no se publicaban; si salía un cadáver era con una sábana encima o nomás que se le viera una parte, ahí fue donde yo empecé a tirarme al suelo y retrataba el zapato y el cuerpo al fondo o la mano y que se viera otro tipo de foto; el cadáver cubierto y la policía atrás, que se viera que estaban tomando datos, posaban para mí, entonces, la foto quedaba espectacular, porque no se veía el cadáver, pero ahí estaba, luego todos me copiaron.

CO: Sobre la foto policiaca actual

EM: A mí no me gusta la foto de ahora, el muerto hecho pedazos, sin cabeza, le digo a los fotógrafos: oye, ¿pues qué traes una cubeta con sangre y todavía se la echas encima? No, pues es que esas fotos quiere el director, ¿yo qué hago?, responden.

CO: ¿A qué se debe que los periódicos pasaran de pedir “ni una gota de sangre” a pedir los destrozados?

EM: Pues fue lo que no entendí, años después de que dejé de trabajar se empezaron a publicar fotos de muertos espantosos y además con burlas, imagínate a la familia; yo tenía mucho respeto por los familiares, inclusive hablaba con ellos y les decía: “oiga, le prometo que no se va a publicar la foto, pero por favor présteme una foto en vida de su familiar que murió, aquí le tomo la foto y se la devuelvo”. Mejor se publicaba la foto en vida, ahora es al revés, yo creo que si el familiar le dice: “oiga, le doy la foto en vida” los mandan a volar.

CO: Se le considera un precursor de la nota policiaca moral

EM: Pues es que si yo ya tenía las fotos buenas ya para que me estoy haciendo guaje, mejor ayudar a la gente, no estarlos viendo cómo se mueren, me colgaba la cámara o la dejaba en una ambulancia y me ponía a ayudar, sobre todo cuando eran niños, tengo muchas fotos donde estoy atendiendo heridos, porque además, como estaba en la Cruz Roja diario, me metí al curso de paramédico, además  soy comandante de la Cruz Roja, tengo mi credencial y hacía guardias, íbamos en las ambulancias y yo atendía a los heridos y tomaba las fotos.

CO: Sobre los mirones

EM: Hay una película de gangsters en la que una bomba explota y mata a un hombre y se quema un edificio, a mí me llamó mucho la atención una escena donde está la gente viendo el incendio y me pareció muy importante el mirón, yo así lo bauticé.

En todas mis fotos yo retrataba a los mirones, pero en el accidente, porque los muchachos no me han agarrado la onda, yo les digo: ¡tomen a los mirones!, pero ellos retratan al grupito que está ahí parado, y no, el chiste es que salgan en el mismo accidente, el mirón, metiche, o como le quieras llamar, le da más fuerza a la foto. Tengo unas fotos en las que se ve un montón de gente, hasta se metían adentro de los carros a ver qué había, metiches y mirones y ahorita toman el puro accidente, inclusive quitan a la gente, o la policía, pero el chiste es que tomen a la gente en el accidente.

CO: Una fase poco conocida es su cobertura de espectáculos

EM: Yo trabajé en el periódico el Zócalo y me mandaban los viernes en la noche y sábados a los cabarets, ahí retrataba yo a Tongolele, a Soulkey, a Kalantán, hacía fotos de artistas, inclusive aún tengo algunas, retraté a los principales actores del cine, a Pedro Infante, Cantinflas; platicaba yo con ellos y yo estaba rechamaco.

Un día me pasó una cosa rechistosa, estábamos tres periódicos haciendo un reportaje de Tongolele, gente importante en paños menores, estábamos en el vestidor y llegó uno y dijo “muchachas, ¡prepárense!, primera llamada, a escena”,  nos levantamos todos para salir y que pudieran vestir las muchachas y que me dicen a mí “tú quédate, estás muy niño, nos puedes ver” y vi cómo se cambiaban.

Para ver en línea el documental de la vida de Enrique Metinides, “El hombre que vio demasiado” haz clic aquí https://www.youtube.com/watch?v=MkmIsI0_GdM

1 COMENTARIO

  1. Muy interesante la vida de esta leyenda viva, cuantas historias pero sobre todo el lado humano del trabajo que para muchos es un morbo.

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