“Nunca me voy a quitar el uniforme, porque me esforcé mucho para conseguirlo”, dice Fernanda, una joven enfermera que ha formado parte de la primera línea de combate al coronavirus desde que inició la epidemia en México.

Hace apenas dos años que entró a trabajar al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y, asegura, el miedo de contagiarse y de llevar la enfermedad a sus seres queridos forma parte de un temor de “primeriza ante una situación de contingencia tan demandante”.

Desde hace unos meses, Fernanda añadió a su rutina de arreglo diario previo al trabajo el uso de guantes, cubrebocas y lentes. Para llegar de su casa al hospital donde labora, debe trasladarse en camión por alrededor de 40 minutos, y, a pesar de los ataques, discriminación y agresiones que han ocurrido a personal de Salud, dice, portar su uniforme de enfermera la llena de orgullo.

Tras cada jornada, el temor le regresa cuando va de vuelta a casa, donde la esperan su hermana y su pequeño sobrino, a quien le preocupa contagiar en caso de que ella resultara infectada. Sin embargo, su lucha diaria sigue y su frente de batalla es mantenerse al pie de cada cama en la que haya un enfermo que la necesite.

Con información de Rogelio Morales/ Cuartoscuro.com

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