Si conociéramos el verdadero fondo de todo tendríamos compasión hasta de las estrellas
Graham Greene

Texto y fotos por José de Jesús Peña Jiménez

El desconocimiento es el peor enemigo de la naturaleza y sus habitantes. Alimentado por los mitos, leyendas o cuentos que de recibimos.

El egoísmo del ser humano de creerse único, salvador del mundo y del universo que nos rodea, nos ha cegado al grado de no valorar la existencia y acciones de los diminutos seres que día a día nos acompañan en este planeta, al grado de que, sin menoscabo, rociamos veneno sobre ellos o sin miramiento alguno descargamos nuestra furia si se cruzan en nuestro camino.

Me queda claro que no es odio, sino carencia de información.

Cuando me ha tocado observar las reacciones de la gente al ver tan de cerca el rostro de un insecto o arácnido, encuentro que va desde la perspectiva de sorpresa real hasta el miedo repulsivo, pero en ambos casos muchos de ellos terminan agradeciendo que se les muestren esos rostros que jamás habían visto, a pesar de convivir diariamente con ellos. Además de que muchos empiezan el camino del respeto hacia esas minúsculas vidas, no matando, sino reubicando a esos pequeños seres sin hacerles daño.

El camino no ha sido fácil. Día tras día fui devorando información y probando dispositivos caseros, lentes u objetivos invertidos, lámparas, difusores y rieles milimétricos para llegar a la meta del acercamiento al rostro de esos insectos que encontré muertos en telarañas o en la calle.

La paciencia, aliada de este tipo de técnica, aparecía cuando iniciaba la búsqueda, para después humectar, limpiar y secar al individuo.

Posarlo para el inicio de la sesión no es fácil, dado el tamaño diminuto de algunos de ellos, que es de apenas un milímetro, además de que el movimiento del carril es de modo manual, consiguiendo así un conjunto de imágenes que después apilo digitalmente.

Todo este trabajo narrado con un solo afán: compartir y crear conciencia de que sin estos pequeños seres (como ya lo han externados los científicos) la vida del ser humano en la tierra correría un gran peligro.

Sirva esta serie fotográfica para meditar qué tanto podemos aportar a la naturaleza si cuidamos a sus inquilinos, con sólo respetar y compartir sus entornos.

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