Por Ana Luisa Anza

A Carlos Jurado, in memoriam

Negro. El no color absoluto, la ausencia: la oscuridad completa. Parece que nada habita en la pequeña caja formada por cartón o madera, aluminio, plástico, lámina. Examinemos.

Quizá sea sólo el aire encapsulado. Allá, al fondo –y sólo si lo sabes de cierto– un soporte espera al rayo de luz que habrá de convertirse en una proyección del afuera y, con suerte y si ha sido emulsionado, la transformará en imagen fijada.

No hay circuitos electrónicos ni mecanismos que miden el iso o la velocidad; menos, soluciones digitales. Son cosas de la magia, se pensaba. De hechicería, se sentenciaba. De alquimia, más tarde. El principio básico de la creación fotográfica, hoy y desde siempre.

En realidad, es todo eso y más, pues en la foto estenopeica hay una mezcla de asombro, cálculo preciso, química pura y la persistencia de una técnica que se ha negado a desaparecer para, en cambio, resurgir poderosa en su aparente simplicidad.

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