Por Ana Luisa Anza

Un conjunto de proteínas y ácidos nucleicos, un agente microscópico, nos encierra hoy para transformar el papel en pixeles de una pantalla. Una mudanza obligada: la de ir del impreso que da un sentido distinto a la imagen a través del tacto, hacia la pantalla que se multiplica exponencialmente, como el mismo virus, el Sars-COV-2 que ronda por el mundo en forma de Covid-19.
Así que aquí estamos, por primera vez en nuestros casi 27 años, como una revista digital. Ese Cuartoscuro 162 ya preparado para ir a la imprenta, transformarse en placas y convertirse en un ejemplar hojeable, se quedó guardado en un archivo que retomará pronto el camino de siempre.
Por ahora, somos una publicación que se mueve con un teclado y no mojando las yemas de los dedos, que se observa y no se toca, y que deja su olor a tinta para perder todo tipo de aroma, pero que se abre para mostrar que la fotografía es documento de los tiempos y de la historia, más aun en estos momentos en que, sí, se quiera o no reconocer, estamos frente a lo que habrá de ser una crónica de la memoria del siglo XXI.
No podemos más que sumarnos a ese esfuerzo de relatar lo que quizá algunos imaginan desde un encierro, lo que otros –obligados a salir– ven en su diario caminar, lo que es quizá casi el único tema de conversación desde las últimas semanas… meses.
En la mirada de los fotógrafos de la agencia Cuartoscuro, quienes han estado día a día en diversos territorios del país, con la cámara pronta y los ojos listos para permitirnos dejar una huella visual, está plasmada esa etapa, la del popularmente llamado “coronavirus”.
Esta edición temporal está pensada para leerse en pantallas grandes, agradecemos la paciencia de nuestros lectores que buscan acercarse a las imágenes, verlas y apreciarlas. Esperamos que puedan hacerlo desde cualquier dispositivo. Para ver la revista a doble página, haz clic en el botón de desplegar pantalla.
162spred

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