Texto y fotos por Rogelio Morales

“¡Están dando dos z2 por x13 en Azcapotzalco!”. Llega un silencio momentáneo, las pláticas se detienen y dan pie a una revisión de celulares para tratar de encontrar más información.

“Sí, están en z2, hay que esperar a que se mueran, porque si llegamos y ya se los llevaron nos vamos a meter en un pedo, esa zona está bien culera, puros callejones”, dijo en voz alta el fotógrafo del periódico Pásala.

No pasan ni cinco minutos cuando se confirma que ya los dan como z1, es decir, muertos. En este recibidor, que parece haber sido habilitado como una sala de prensa de nota roja en la entrada de un estacionamiento, los fotógrafos y reporteros manejan las noticias con claves.

Al momento de confirmar la información, fotógrafos y reporteros descuelgan sus cascos de motocicletas, guantes y chamarras de las rejas del estacionamiento, que han vuelto un perchero improvisado.

Las motocicletas estacionadas de manera diagonal a un costado de la entrada comienzan a ser abordadas por fotógrafos, que normalmente son los que manejan, y por los reporteros,  que van de copilotos alistando la k6 (ubicación).

El fotógrafo de La Prensa, quien, si no mal recuerdo, fue quien gritó el asunto, se acerca y me pregunta si se puede ir conmigo, ya que de lo contrario se movería en carro y posiblemente no llegaría; casi de inmediato le respondo que sí, se toma un momento para prender un cigarro y se sube al potro (motocicleta).

Uno a uno, los potros van saliendo a toda velocidad hacia la ruta que los copilotos reporteros van dictando a los fotógrafos.

Con el velocímetro no bajando de 100 kilómetros por hora, manejando entre carriles y zonas viales prohibidas, las únicas palabras que hablo con mi copiloto son para checar temas de la ruta que seguiremos.

Un par de kilómetros antes de llegar a la ubicación de los dos z1 por X13 (muertos por arma de fuego), observo una movilización policiaca y mientras conduzco a toda velocidad pienso que es excesiva para dos muertos.

Debido a la gran cantidad de patrullas que ya están en la zona, decidimos dejar la motocicleta sobre una banqueta y movernos a pie hasta el lugar del asunto.

Conforme avanzamos, el fotógrafo de La Prensa se pierde entre policías uniformados con pasamontañas, cascos, chalecos antibalas y armas largas.

Más adelante, casi pegado al cordón que delimita el lugar desde el cual la prensa puede trabajar, me encuentro con los colegas de Canal 11 y Metro. Justo ahí asumimos que el asunto no sólo se trata de dos z1 x x13 y analizamos desde qué punto lograríamos tener las imágenes de lo que hasta ahora eran dos muertos por arma de fuego.

Caminamos por cuadras enteras buscando un ángulo en el que lográramos tener las primeras gráficas del asunto, pero el acordonamiento es extenso y los policías, patrullas y hasta un rino policiaco (vehículo de operaciones especiales de la Secretaría se Seguridad Ciudadana) dificultan aún más la labor.

Mientras esto pasa, la información que nos cae es cambiante y confusa: colegas daban a los muertos dentro de una casa; otro más, frente a la casa sobre un callejón; otra versión apuntaba a que eran más de dos muertos dentro y fuera de la casa.

Regresamos al punto de partida para reagruparnos con los colegas y saber si tenían algún dato. No los encontramos y decidimos hablar con vecinos de la casa en donde ocurrieron los hechos para trabajar dese su azotea a fin de corroborar la versión que considerábamos más probable.

Luego de un par de intentos, una vecina accedió a dejarnos trabajar desde lo más alto de su casa; al entrar la mujer, ya adulta, nos contaba cómo ese callejón ya era marcado por los vecinos como un punto problemático.

Logramos ubicar la casa por el movimiento constante de policías y a que las ventanas del lugar se encontraban abiertas.

Entre tinacos, tuberías, rejas y un sol abrumador, esperábamos el momento exacto para tirar las fotografías, apostando a que los cuerpos se encontraran adentro.

Durante la espera escuchamos cómo un helicóptero se acercaba. Cuando logramos verlo y ellos a nosotros, supimos que era un cóndor policiaco.

Al mismo tiempo que desde el aire nos señalaban, al fotógrafo del periódico Metro le llega un mensaje en el que se alertaba de cuatro muertos: dos supuestos narcomenudistas y dos mandos policiacos.

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