Texto de Lolita Castelán / Fotos de Stanley Shoemaker

Resaltar por medio del contraste. Evidenciar la sinrazón por obra de un paralelismo de la realidad opuesta. Incitar la reflexión a través de la imagen que contiene lo disímbolo. Estas son algunas de las premisas que plantea el mexicano Stanley Shoemaker a través de los fotomontajes digitales que realiza en blanco y negro desde hace 15 años.

De acuerdo con el fotógrafo, las imágenes pretenden además del evidente contraste cultural, social y económico, la incitación de que lo que se ve puede llegar a ser real, dado el proceso de homogeneización que vivimos en todos sus aspectos, pero que no ha sabido sortear las diferencias entre países capitalistas y en vías de desarrollo.

Por otro lado, considera Shoemaker, tenemos diferentes religiones en el orbe, cuya promesa para el hombre es la misma: un estado de plenitud, ya sea en el cielo o en el nirvana, pero al final promesa coincidente en su virtud y lejanía, y que de forma paradójica causa tantos conflictos.

Stanley también se aventura a la imagen de un futuro nada halagüeño, donde una tierra infértil se vuelve escenario de juegos rotos e inútiles taquillas. Mundo desierto al final del tiempo.

Pero las interpretaciones no son cerradas. Queda la libertad de creación de paraísos, la libertad de imaginar, esa que puede circular todos los días y por la que aún no hay que pagar impuesto alguno.

Este portafolio se publicó por primera vez en la revista Cuartoscuro 170, en 2011.

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