Por Carolina Romero

La cámara de Ricardo Sánchez Ortega nunca distinguió entre retratar a un minero con el pantalón de mezclilla sucio o a un joven aristócrata de saco, bombín y corbata. A su estudio, en el centro de Fresnillo, Zacatecas, acudía por igual cualquiera que necesitara tomarse una fotografía.

Hoy, los más de 100 mil negativos y 3 mil imágenes impresas que guardó durante 43 años de oficio, desde 1942 y hasta 1985, forman parte de un acervo que pertenece a la Fototeca de Zacatecas y el cual —en una simplicidad disfrazada— oculta datos que, bajo una mirada aguda, ayudarán a enriquecer la historia.

“El archivo Ricardo Sánchez Ortega tiene imágenes de estudio de más de 40 años. Prácticamente, el fotógrafo retrató a miles de personas en Fresnillo, Zacatecas, así como la vida cotidiana de la región y su zona rural. Esa información histórica es valiosa para los investigadores de México, pues aporta mucho para recuperar datos sobre la identidad de las personas y la colectiva.

“Además, era un hombre que estaba a la vanguardia, pues tomaba cursos de fotografía del extranjero vía correo y eso se nota en sus imágenes. Este archivo incluso puede aportar información a los fotógrafos sobre las técnicas antiguas, su uso e innovación”, comenta la archivónoma Lucía Cuevas Jiménez.

Pero el trabajo de Sánchez Ortega se quedó guardado a merced del tiempo hasta que su familia decidió donarlo a la Fototeca de Zacatecas. Para rescatar ese valor histórico y resguardar el archivo en condiciones óptimas, Cuevas Jiménez coordina un plan de trabajo apoyado por el Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) a través de la Fundación Pedro Valtierra A.C., el cual contempla desde la organización hasta la digitalización de los negativos.

Uno de los propósitos de la Fundación, asegura Cuevas Jiménez, es promover la conservación de archivos fotográficos y su difusión como material de consulta para la investigación.

Entre los encargados de llevar a cabo dicha tarea está el historiador Jaime Robledo, quien ya ha clasificado y aportado datos a las primeras 4 mil piezas, las cuales corresponden desde 1942 hasta los primeros dos meses de 1944. Colaboran también Sergio Mayorga y Carlos Segura, en la limpieza de negativos, elaboración de guardas y digitalización.

Una vez que los negativos están limpios, se les registra en fichas técnicas con datos sobre su estado de conservación y características. Posteriormente, se les otorga un número de identificación y se acomodan en una guarda, un pequeño sobrecito hecho con papel especial, libre de ácido, para su protección. Una vez organizados, se puede comenzar a describir y digitalizar las imágenes.

Para Robledo, la importancia del proyecto recae en que las imágenes de archivos como el de Sánchez Ortega se están revalorando en la documentación para la historia, pues antes no se tomaban en cuenta como materiales que pudieran aportar algo más allá.

“En los negativos vemos cómo se refleja un Fresnillo que conocemos por las referencias culturales, sociales y económicas. El fotógrafo no pone quiénes son los personajes retratados ni el evento, pero en las cajas están escritos periodos de tiempo”, comenta Robledo.

Asegura que hay académicos que ponen en duda la relevancia de las fotografías de estudio porque “dicen que son fotos posadas, armadas, que la gente va cambiada y que eso no refleja una realidad”; sin embargo, la apuesta del acervo es desentrañar cómo esas fotos construidas también conforman momentos reales que dan cuenta de posiciones sociales, expresiones culturales o pinceladas de momentos económicos en la historia del municipio zacatecano y de México.

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