Con una exposición de Daniel Weinstock (Ciudad de México, 1957), el 17 de septiembre de 1996 se inauguró el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB).

Tras 25 años, la obra del fotógrafo mexicano vuelve una vez más al espacio fundado por el artista Francisco Toledo para conmemorar su creación.

En 1996, Weinstock expuso imágenes tomadas en la playa, de asilos de ancianos y de manicomios.

En entrevista, cuenta que lo que mostrará ahora es distinto, aunque los temas sean los mismos, las fotos son de otra época.

Los marginados ha sido un tema al que Weinstock ha volteado constantemente. Cuenta que desde niño se preguntaba qué sucedía con la gente que vivía en la calle: “¿Qué sentían? ¿Por qué estaban siempre tan cansados? ¿Por qué tenían esas caras tristes? No nada más los que vivían en la calle, también los obreros, porque mi abuelo tenía una fábrica y cuando iba cotorreaba con los obreros y demás, veía que no tenían la cara así de: ‘qué bien me la estoy pasando’; entonces me empezó a interesar eso”.

Para Weinstock resulta raro haber escogido el asilo de ancianos como primer tema: “Yo era joven, pero no sé por qué siempre me han interesado la vejez y la muerte. Entonces empecé por ahí y fue alucinante.

“En realidad, creo que ahí todavía sentía yo cosas, porque sí me identificaba con los ancianos, les preguntaba su historia y los ayudaba en lo que podía y demás. Pero como que te vas haciendo duro y, de repente, ya cuando estás en manicomios como que ya no sientes igual, como que te haces duro y ya te dejas de imaginar lo que es vivir ahí y sentirse de esa manera, y te concentras en sacar las imágenes más impactantes que puedes”.

Irma Bello Woo escribe, en el texto que acompaña la exposición, que las fotos de Weinstock “son producto de su necesidad de explorar la enfermedad mental como una especie de rebeldía con propósito. Una especie de marginalidad no superable. Una constante dentro de la única variable: su cámara y su sonrisa (…) Sus fotos hablan de una intimidad que solo él conoce. Se identifica honestamente con cada uno de sus sujetos”.

El interés de Daniel Weinstock en la fotografía se dio desde que era un niño, les tomaba fotos a sus hermanos y siempre le pareció algo mágico.

“Primero, el poder parar los momentos, ponía a mis hermanos a correr y entonces los fotografiaba, y era tener el momento ahí parado, ¿no? Ya más tarde tuve una novia cuya mamá había sido amante de un fotógrafo y más o menos sabía revelar y cosas así. Entonces me compré una ampliadora, así bien baratita, y empecé a revelar los rollos y a revelar el papel y me pareció siempre algo mágico ver cómo aparecían las imágenes.

“No sabía muy bien qué estaba haciendo, nada más sabía lo básico, pero me gustaba mucho ver cómo iba apareciendo la imagen en el papel”.

Su camino en la fotografía análoga fue de constante experimentación: “Al principio aprendes a imprimir bien, todo el mundo te dice de los blancos y los negros y los grises y todo ese rollo, pero llegó un momento en que ya sentía que nada más estaba haciendo maquila, que meter el papel a la charola era lo mismo y lo mismo y lo mismo, nada más con diferente imagen.

“Entonces se me ocurrió empezar a usar brochas, esponjas y otro tipo de cosas, y ya no meter el papel a la charola,  sino empezar a revelar partes que quería ver y no revelar todo el papel… y cuando algo ya estaba como me gustaba, le echaba fijador y seguía revelando lo demás”.

“Entonces también se empezaron a mezclar los químicos y se filtraban como unos tonos muy extraños y así empecé. Y ya luego, aparte de hacerlo así, empecé a usar viradores que te ponían otros tonos; luego hasta escribía, pero con el revelador, entonces eran procesos súper largos de pasarme media hora para hacer una foto en el laboratorio” detalla el fotógrafo.

La obra de Weinstock podrá admirarse en Oaxaca como parte de la exposición Daniel Weinstock XXV Años, que estará a partir del 17 de septiembre en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Sobre este lugar,  Weinstock plática que el CFMAB es un espacio muy importante para muchos fotógrafos: “En su momento fue súper emocionante inaugurarlo y tener libertad de mostrar lo que yo quería”.

También como parte de las actividades del XXV aniversario, en donde fue la primera sede del Centro Fotográfico (Murguía #302) se mostrará parte del archivo histórico del CFMAB, desde imágenes, documentos y hasta postales.

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