Ana Luisa Anza

 

No. No se pueden imaginar cómo corren las horas- o cómo se desplazan desgranadas en minutos interminables, en segundos que avanza casi perceptiblemente,. en cámara lenta- mientras se espera el futuro incierto: las manos, el cuerpo atados a un  árbol despedazan la humanidad.

¿Qué mente decidió machacarlos derechos humanos de los hombres amarrados- pero aún, encadenados-, rodearlos de desechos y basura, y dejar sus existencia en manos de una voluntad que, aunque desconocida, se revela como alejada de cualquier especie de bondad y empatía?

 

Una sola imagen que retrata lo relatado de voz en voz, lo repetido en notas periodísticas, lo murmurado en leyendas de buenos y malos, nos estrella de frente con una violación a los derechos humanos, Y con esa foto César López nos muestra, en crudo, lo que sabemos que ocurre . Allá, pero también en tantos lados.

Cerca de ahí pero también en cualquier parte de país, un grupo de mujeres lucha contra la ancianidad abandonada, contra la necesidad de ser atendidas en un lugar donde le cuidado es el mínimo, donde el esmero quedó atorado en presupuestos, negligencia, descuido o -peor aún- en el mas absoluto de los olvidos.

Siguiendo a una mujer que lleva cotidianamente a su madre a terapia en una institución de asistencia pública, Jonathan Telles Corvera se adentra en uno de los terrenos olvidados del país: el de la poca estimación por quienes han vivido todo y ahora requieren de otros para valerse en un mundo que nos los considera.

Y las encuentra. A ellas, a las que llevan llorando tristezas de antaño, a las que duermen sueños de un pasado mas independiente, a las que se asoman de rodillas que han visto mejores días, a las que atesoran para si mismas su recuerdo de juventud, a las enfermeras y trabajadoras que se afanan con los recuerdo que apenas tienen. Porque para eso no hay gastos “etiquetados” ni programas a largo plazo.

Menos agotado un derecho inalienable del ser humano es el de la felicidad. Y la sonrisa de los niños anula todo cuestionamiento. Ahí están, asomados tras la tapia decorada con un tendedero, mirando al mundo desde un telescopio de cartón, jugando con un balón desinflado o contemplando desde su guardia el vuelo de un ave en el trabajo que presenta Julio César Aguilar Fuentes, para darnos una punzada y dejarnos con las preguntas de siempre en la cabeza.

Están ahí las imágenes de nuestro México violento. El de los muertos encontrados el de los vivos desaparecidos el de mujeres asesinadas, el de una sociedad que exige un alto a la impunidad,   se levanta, prende las veladores y dice “¡basta!”.

Tema fuerte, sin duda, tema de estos tiempos- y esperamos, de más- es el de Ayotzinapa. Los muchachos normalistas, nuestros 43, si, pero también la movilización social por el respeto del derecho ala vida y ¿porqué no… a la verdad?

Nos pensamos libres pero somos perseguidos. Somos cazados en el otro lado pero nos convertimos en captores en nuestro territorio. ese paos por México por tantos por Centro y Sudamericanos se han vuelto un cada vez mas notorio caminos sembrado de escollos.

Perseguir a migrantes del sur, acción tan criticada cuando los mismo se ejerce a nuestros paisanos en el norte, se convierte en barrera entre hermanos. Haya va uno de los representantes de la ley – que no es más que la ley del que esta ene l poder, no la ley que comprende- dando caza a quien pensó que lograría un sueño en la imagen que le valió a Gerardo Ávila Rodríguez una mención honorifica.

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