Este libro puede hojearse al derecho y al revés. Literalmente. Hay que desprender los ojos de la portada… de cualquiera de las dos portadas, y dejarse llevar por las imágenes.

El libro llamado simplemente Graciela Iturbide, publicado por la Editorial RM y el Museo Amparo con motivo de la exposición de la fotógrafa en esta institución poblana, es un objeto -si se le puede llamar así- que permite múltiples lecturas.

Digamos que decidimos comenzar por esa planta que domina el primer plano para encontrarnos con las piedras que siguen la cancha, la pedacería que se acumula o las que sostienen una maraña de cables de postes truncados que, cambiando el rumbo, da pie a una serie de varillas que adornan firmamentos, o siluetas silvestre recortadas, o paisajes de cielos con cielos que no son necesariamente los protagonistas. En ese vaivén, una imagen lleva a la otra, como un juego.

Digamos que abrimos ahora el sueño que ilustra la segunda portada, el sueño por el que pasa una figura con prisa. Y nos adentramos a bailes, risas, retratos, seres que posan, personas que muestran parcialmente el cuerpo, el rostro. Un segundo libro con otro tema.

De esta parte, hay que destacar sin duda las tiras de foto, tiras de contacto de tomas continuas, de esos positivos copiados con la ampliadora del negativo, de donde Graciela elige “la” foto. La sesión completa de la señora del campo, de la niña reposando en la cama, de los pies sobre el árbol, de la mujer que amamanta, de los pájaros que ennegrecen el cielo o los pescados en montón. Y destacada con un crayón que enmarca la elegida, la foto que habrá de conocerse.

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